domingo, 30 de agosto de 2015

Carmena quiere más policías municipales en bici mientras suprime «antidisturbios»


Día 31/08/2015 - 00.10h
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El oficial «anti-UCS» sí que quiere ampliar su anterior Unidad, la de Medio Ambiente, y una nueva sede en Ifema

El Ayuntamiento de la capital sigue en su empeño de cambiar, casi de arriba a abajo, la estructura y funcionamiento de la Policía Municipal. Ahora, la nueva idea del equipo de Manuela Carmena es la de ampliar la Unidad de Medio Ambiente, curiosamente la misma de la que proviene el nuevo director general del Cuerpo, el oficial afiliado a Podemos Andrés Serrano. Todo ello, mientras, como adelantó ABC, a partir de este otoño comenzará a suprimir en parte el contingente de agentes de las Unidades Centrales de Seguridad (UCS), conocidas como «antidisturbios»; una decisión de raíz totalmente política y que está levantando ampollas en el sector.
El pasado viernes, Serrano se presentó con la concejal de Medio Ambiente, Inés Sabanés, en la sede de su antigua unidad, ubicada en un edificio de la Casa de Campo. Allí, la edil (que durante décadas fue una histórica de IU en Madrid hasta que fundó Equo y cuyo currículum es uno de los más prestigiosos de la Junta de Gobierno municipal) y el conocido como oficial «anti-UCS» expusieron su hoja de ruta: crear un turno de noche (ahora solo existe de mañana y tarde) entre la «patrulla verde», que ahora cuenta con unos 75 efectivos; dividir Madrid, en lo que a esta Unidad se refiere, en dos sectores (norte y sur);buscar una segunda sede en los recintos feriales de Ifema, y mayor patrullaje en bicicleta por zonas verdes como la Casa de Campo y por las inmediaciones de los centros escolares. Todo ello, sin incrementar el número de la plantilla de funcionarios de la Policía Municipal, que ahora cuenta con alrededor de 6.000.
Lo que no está claro es si todo ello se corresponde con un incremento de las responsabilidades de la Unidad. Porque, por ejemplo, las mediciones sonoras en locales de ocio las realizan ya patrullas de los distritos (todos cuentan con sonómetros), a requerimiento de los vecinos o con visitas semanales acompañadas de técnicos «inspectores de ruido».
Por otra parte, la vigilancia en grandes parques tampoco parece una prioridad; además, los agentes que prestan servicio en bicicleta son expertos montadores, por lo que sus nuevos compañeros deberían hacer un curso y se detraerían de otros servicios. No se sabe si de las UCS.
Desde la Asociación de Policía Municipal Unificada (APMU) consideran que «el director general [Andrés Serrano] debe explicar el proyecto y los cambios que va a desarrollar». «Y que lo haga a todas las organizaciones y lo antes posible», añaden.
«El posible aumento de efectivos policiales en el turno de noche de la Unidad de Medio Ambiente –insisten– no lo consideramos efectivo operativamente, ya que el trabajo que van a desarrollar lo realizan ya las Unidades Integrales de Distrito, en las que sí que es necesario un refuerzo, puesto que se encuentran muy mermadas».

REPUBLICA CENTRO AFRICANA Veintidós militares tratan de pacificar la fallida república y formar su nuevo ejército

El coronel Martín espera la llegada de los vehículos blindados junto...
Un soldado español espera la llegada de los vehículos blindados junto al río Ubangui, frontera natural entre el Congo y la República Centroafricana. ALBERTO ROJAS
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Un grupo de adolescentes vestidos con la dishdasha, el clásico atuendo musulmán, saca brillo a sus motos chinas Yakarta, la estrella de las carreteras africanas. Uno de ellos levanta su dedo corazón al paso de los vehículos blindados. Se escucha un grito entre el gentío del mercado: «¡Mort a la France! (¡Muerte a Francia!)». El soldado Justo, que está con las manos en la ametralladora del vehículo Lince, señala a la bandera que ondea de la antena. «¡Ne pas français! (¡No somos franceses!)». Los jóvenes se relajan al instante. «¡Viva Iker Casillas!», dice uno en perfecto español. Justo levanta el pulgar desde su torreta. La diplomacia del fútbol nunca falla.
«La población nos ha recibido muy bien, pero éste es el sitio donde menos nos quieren», dice este militar español entre las tiendas del PK5, el corazón comercial de la ciudad, un mercado lleno de puestos de madera y chapa que vuelve a latir poco a poco. En este lugar cristianos y musulmanes convivieron sin problemas hasta el año 2013. Fue en aquel momento cuando la rebelión Seleka llegada desde el norte mutó hacia una manipulada guerra religiosa.
La misión es refundar un ejército nacional vencido, desmotivado y desmovilizado
Si ese conflicto no acabó en genocidio entre las dos comunidades fue porque los españoles y los franceses, acompañados de tropas africanas de Ruanda, Congo, Burundi o Chad, lo impidieron con patrullas diarias y misiones de desarme. Aun así, en un solo día, el 5 de diciembre de 2013, hubo 3.000 muertos en las calles, los mismos que en la playa de Omaha en el desembarco de Normandía. La Avenue de France, frontera entre los barrios cristianos y musulmanes, quedó alfombrada con cientos de cuerpos mutilados a machetazos de uno y otro bando, la mayoría de ellos civiles.
El aire acondicionado del interior aísla a los soldados y el sargento al mando del pegajoso calor tropical, que ya duele a las 10 de la mañana. Ellos son parte del despliegue de 22 militares españoles -de un total de 60 efectivos internacionales que tiene la misión- que trabajan en la estabilización de este Estado fallido y en la fundación de su nuevo ejército.
«No voy a decir que las fuerzas armadas centroafricanas no existan, pero sí que sólo existen sobre el papel. No tienen equipo, ni mando ni instalaciones. Y el nepotismo es la regla, mientras que el mérito es la excepción. Es un ejército sin un relato», dice el coronel Martín, jefe del contingente. La misión no es fácil. Cuando llegaron los rebeldes Seleka en 2013 la tropa nacional se deshizo y huyó sin casi oponer resistencia. La mayoría de sus componentes, cautivos y desarmados, quemó el uniforme o se escondió para evitar ser ejecutada por los mercenarios musulmanes. O peor: acabó enrolada en las milicias Antibalaka (los inmunes a las balas del AK) que aún ocupan parte de la ciudad. «La situación ahora está en calma, pero eso puede cambiar en cinco minutos», afirma.
'Un miliciano nos disparó y tuvimos que abrir fuego contra sus piernas'
Los dos vehículos Lince atraviesan barrios enteros destruidos y se cruzan por el camino con varias pickups de la fuerza africana que, bajo la boina azul de la ONU, intentan pacificar las calles. Todas las noches hay muertos en tiroteos por toda la ciudad y las poblaciones cristiana y musulmana aún no se adentran en las zonas rivales. «Esto está lleno de armas. La población las consigue muy baratas. En el mercado del distrito 4 hay varios puestos con Kalashnikov a 10 euros, incluyendo balas», dicen los militares en sus vehículos.
«Estamos haciendo un registro del personal con el que podemos contar. No sabemos cuántos militares están al servicio del país, ni dónde están ni en qué condiciones. Y luego hacemos un filtrado para evitar a los criminales de guerra o a aquéllos que han acabado en grupos armados. Eso llevará tiempo. Y sólo hablamos de la parte práctica. También trabajamos en la teórica: tenemos que recuperar su razón de ser, su encaje legal en la constitución, su cohesión y su orgullo como fuerzas democráticas, profesionales, multiétnicas y respetuosas con la ley», dice el coronel Martín. «A la población no le gusta ver que otros ejércitos patrullan las calles y no el suyo propio».

Ayuda a las tropas francesas

Uno de los incidentes más recordados por la tropa, todavía bajo la misión Eufor de estabilización de la seguridad, sucedió el pasado verano. Los españoles tuvieron que acudir en ayuda de tropas francesas de la operación Sangraris y los ruandeses de la Unión Africana, atrapados en un fuego cruzado de los Antibalaka. Cuando llegaron los españoles con tres vehículos Lince, lo primero que recibieron fue unas cuantas ráfagas de Kalashnikov como bienvenida. Uno de los españoles disparó al aire la ametralladora pesada Browning, cuyo sonido atronador es un arma psicológica. El enemigo se retiró al instante, consciente de que no tenía potencial para enfrentarse a eso.
El convoy pasa junto al estadio nacional, construido por la FIFA. «Aquí se hizo un acto de reconciliación con la presidenta de transición que acabó con un terrible linchamiento, ante las cámaras de todos los periodistas, de un militar acusado de haber pertenecido a la rebelión. Lo mataron a patadas y la imagen que quedó fue lamentable», recuerda el coronel. En otra ocasión, los Antibalaka ocuparon las rotondas del centro de la ciudad para arrestar a cualquier musulmán que circulara por ella. «Tuvimos que acudir a desarmarlos. Cuando llegamos allí encontramos a un miliciano. Nuestro traductor le avisó de que tenía que arrojar el arma al suelo. No sólo no lo hizo, sino que levantó el arma y nos disparó. Ante esa respuesta tuvimos que abrir fuego contra sus piernas», comenta uno de los soldados.
Ya en la base, una antigua fábrica textil, los soldados vuelven a su rutina, que incluye un partido de fútbol contra los senegaleses de la ONU.
¿Qué gana España en este despliegue? «República Centroafricana está en la franja sur del Sahel. La zona limítrofe interesa a Europa por asuntos como la inmigración y el terrorismo. Somos los segundos contribuyentes en hombres y material, sólo por detrás de Francia».
- Este país se parece bastante a un auténtico desastre, coronel.
- Yo no soy capaz de negar que esto sea un desastre, pero creo que está mucho mejor que hace un año.
Un soldado español, apostado a las afueras de Bangui. | A. R.

El país, en cifras

POBLACIÓN. La República Centroafricana ocupa el centro geográfico del continente y tiene una población de 4,5 millones de personas para una extensión superior a España y Portugal juntas. Su paisaje es selvático y cuenta con importantes minas de diamantes y de oro. HISTORIA. Desde su independencia de Francia en 1960 no ha conseguido estabilizar un sistema de gobierno. Los golpes de estado se suceden cada ocho o nueve años, con dictadores tan terribles como el 'emperador' Bokassa.

FELIPE GOZALEZ A LOS CATALANES

 

La propuesta que hace Junts pel Sí, esa extraña coalición unida solo por el rechazo a España, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta” para Cataluña. Rompiendo la legalidad, nadie que tenga la obligación de cumplir la ley va a negociar nada


EVA VÁZQUEZ
Hace casi dos décadas que salí de la presidencia del Gobierno de España. No tengo responsabilidades institucionales ni de partido. He recuperado la sencilla condición de ciudadano, aunque en todo momento comprometido con nuestro destino común. Por ese compromiso con España, espacio público que compartimos durante siglos, me dirijo a los ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles.
Siempre he sentido gratitud por vuestro apoyo permanente y mayoritario para la tarea de gobierno. Siempre, incluso cuando este apoyo era declinante en el resto de España. Y gracias a esta sintonía he podido representaros con orgullo, como a todos los españoles, en Europa, en América Latina y en el mundo. Con vuestra confianza hemos progresado juntos, durante muchos años, superando la pesada herencia de la dictadura, consolidando las libertades, sentando las bases de la sociedad del bienestar y reconociendo, como nunca antes en la historia, la identidad de Cataluña y su derecho al autogobierno.
He creído y creo que estamos mucho mejor juntos que enfrentados: reconociendo la diversidad como una riqueza compartida y no como un motivo de fractura entre nosotros. Para mí, España dejaría de serlo sin Cataluña, y Cataluña tampoco sería lo que es separada y aislada.
La idea de “desconectar” de España, como propone Artur Mas, en un extraño y disparatado frente de rechazo y ruptura de la legalidad, tendría unas consecuencias que deben conocer todos:
He creído y creo que estamos mucho mejor juntos que enfrentados
— Desconectarían de una parte sustancial de la sociedad catalana, fracturándola dramáticamente. Ya se siente esa fractura en la convivencia, y se empiezan a oír voces de rechazo a los que no tienen “pedigrí” catalán. Esos ciudadanos catalanes se sienten hoy agobiados porque se está limitando su libertad para expresar su repudio a esta aventura, porque le niegan o coartan su identidad —catalana y española— que viven como una riqueza propia y no como una contradicción.
— Desconectarían del resto de España, rompiendo la Constitución, y por ello el Estatuto que garantiza el autogobierno, y la convivencia secular en este espacio público que compartimos. En el límite de la locura, empiezan a ofrecer ciudadanía catalana a los aragoneses, valencianos, baleares y franceses del sur. Hemos pasado épocas de represión de las diferencias, de los sentimientos de pertenencia, de la lengua, pero desde hace casi cuatro décadas, con la vuelta de Tarradellas, entramos en una nueva etapa de reconocimiento de la diversidad y de construcción del autogobierno más completo jamás habido en Cataluña.
— Desconectarían de Europa, aislando a Cataluña en una aventura sin propósito ni ventaja para nadie. ¿Imaginan un Consejo Europeo de 150 o 200 miembros en la ya difícil gobernanza de la Unión? Porque ese sería el resultado de la descomposición de la estructura de los 28 Estados nación que conforman la UE. ¿Imaginan al Estado francés cediendo parte de su territorio para satisfacer este nuevo irredentismo? Nadie serio se prestará a ello en Europa y, menos que nadie, España, que tanto luchó por incorporarse y participar en la construcción europea, tal como es, con su diversidad y, por cierto, con el máximo apoyo de Cataluña.
— Desconectarían de la dimensión iberoamericana (que tanto valor y trascendencia tiene para todos) y especialmente de Cataluña porque este vínculo se hace a través de España como Estado nación y de la lengua que compartimos con 500 millones de personas —el castellano—, como saben muy bien los mayores editores en esta lengua, que están en Barcelona.
El desgarro en la convivencia que provoca la aventura de Mas afectará a nuestro futuro
Naturalmente afirman lo contrario: “Solo queremos desconectar de España”. ¿De qué España? ¿La que excluye también Aragón, Valencia y Baleares? Los responsables de la propuesta saben que lo que les estoy diciendo es la verdad, si se cumpliera ese “des-propósito”. En realidad tratan de llevaros, ciudadanos de Cataluña, a la verdadera “vía muerta” de la que habla Mas, en un extraño “acto fallido”.
Vivimos en la sociedad más conectada de la historia. La revolución tecnológica significa “conexión”, “interconexión”, todo lo contrario a “desconexión”. Cada día es mayor la interdependencia entre todos nosotros: españoles de todas las identidades, europeos de la Unión entre 28 Estados nación, latinoamericanos de más de 20 países, por no hablar de nuestros vecinos del sur o del resto del mundo. Pregunten a sus empresas, las que crean riqueza y empleo por esta desconexión.
La propuesta que hace esa extraña coalición unida solo por el rechazo a España, sea cual sea el resultado de la falseada contienda electoral, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta”. ¿Cómo es posible que se quiera llevar al pueblo catalán al aislamiento, a una especie de Albania del siglo XXI? El señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente, o que ese es el camino para negociar con más fuerza. Comete el mismo error que Tsipras en Grecia, pero fuera de la ley y con resultados más graves.
¿Qué pasó cuando se propuso a los griegos una consulta para rechazar la oferta de la Unión Europea y “negociar con más fuerza”? Después de que más del 60% de los griegos lo creyeran, Tsipras aceptó condiciones mucho peores que las que habían rechazado en referéndum, con el argumento, que sabían de antemano, de que no tenían otra salida. ¿Sabían que no había otra salida y engañaron a los ciudadanos?
¿Cómo es posible que se quiera convertir a Cataluña en una especie de Albania del siglo XXI?
Pueden creerme. No conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir. Ningún responsable puede permitir una política de hechos consumados, y menos rompiendo la legalidad, porque invitaría a otros a aventuras en sentido contrario. Todos arriesgaríamos lo ya conseguido y la posibilidad de avanzar con diálogo y reformas.
Eso es lo que necesitamos: reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper ni la igualdad básica de la ciudadanía ni la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común. No necesitamos más liquidacionistas en nuestra historia que propongan romper la convivencia y las reglas de juego con planteamientos falsamente democráticos.
Si la reforma de la ley electoral catalana no ha podido aprobarse porque no se da la mayoría cualificada prevista en el Estatuto, ¿cómo se puede plantear en serio la liquidación del mismo Estatuto y de la Constitución en que se legitima, si se obtiene un diputado más en esa lista única de rechazo? ¿Cómo el presidente de la Generalitat va en el cuarto puesto, como si necesitara una guardia pretoriana para violentar la ley?
Es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado. Pero nos cuesta expresarlo así por respeto a la tradición de convivencia de Cataluña. El señor Mas sabe que, desde el momento mismo que incumple su obligación como presidente de la Generalitat y como primer representante del Estado en Cataluña, está violando su promesa de cumplir y hacer cumplir LA LEY. Se coloca fuera de la legalidad, renuncia a representar a todos los catalanes y pierde la legitimidad democrática en el ejercicio de sus funciones.
No estoy de acuerdo con el inmovilismo del Gobierno de la nación, cerrado al diálogo y a la reforma, ni con los recursos innecesarios ante el Tribunal Constitucional. Pero esta convicción, que estrecha el margen de maniobra de los que desearíamos avanzar por la vía del entendimiento, no me puede llevar a una posición de equidistancia entre los que se atienen a la ley y los que tratan de romperla.
No creo que España se vaya a romper, porque sé que eso no va a ocurrir, sea cual sea el resultado electoral. Creo que el desgarro en la convivencia que provoca esta aventura afectará a nuestro futuro y al de nuestros hijos y trato de contribuir a evitarlo. Sé que en el enfrentamiento perderemos todos. En el entendimiento podemos seguir avanzando y resolviendo nuestros problemas.

Españoles entre alambradas, refugiados sin un lugar en el mundo

 

Los refugiados son una nación de naciones sin fronteras, que huye y no desaparece. Al Líbano han llegado un millón de sirios en busca de refugio, en 1939 medio millón de españoles huyeron de Franco
Foto: Campo de concentración de Bram, en 1939, por Agustí Centelles. (Archivos estatales MECD)
Campo de concentración de Bram, en 1939, por Agustí Centelles. (Archivos estatales MECD)
Fecha
Las playas de Argelès-sur-Mer son una delicia. Largas lenguas de arena fina y dorada frente al manso Mediterráneo. Uno sabe que allí, disfrutando de una de patatas fritas de chiringuito, se encuentra el epítome del turismo de clase media en busca de atardeceres y distracciones de mil colores. Hace ochenta años la vida no era bandera azul en estas playas. Hubo una España que se quedó atrapada en los alambres que cercaban las playas cuando en vez de paraíso, infierno.
“Nos humillaron continuamente. ¿Por qué, o qué concepto tienen estos franceses de nosotros?”, escribió en su diario Agustí Centelles (Valencia, 1909-Barcelona, 1985), uno más entre el medio millón de españoles que huyeron de la represión franquista en 1939 y cayeron en los refugios del horror. El fotógrafo fue detenido en su huida y recluido primero en Argelès-sur-Mer y luego en Bram, a hora y media.
“Los refugiados somos una atracción. Hacen pagar seis francos para visitarnos“, escribió Agustí Centelles en sus diarios de 1939
De su paso por los campos de concentración se conservan hasta 600 fotografías de su experiencia en el lugar que las autoridades francesas empezaron a construir en febrero de 1939 para colocar el éxodo antidictatorial en 10 sectores, con 20 barracas cada uno, y entre alambradas de 2,5 metros de altura vigiladas por guardias a caballo. 100 personas por barracón.
“Los refugiados somos una atracción. Hacen pagar seis francos para visitarnos (sin comentarios). Esta tarde he recordado mis días de reportero gráfico”, escribe. Fue un preso más con la fe hecha harapos. Allí, uno de los testimonios esenciales del fotoperiodismo español, coincidió con Robert Capa y David Seymour. Ellos al otro lado del espino, como visitantes que denuncian lo que se hace en el primer mundo con quienes buscan amparo.
Imagen del campo de concentración de Bram, de Agustí Centelles. (Archivos estatales MECD)
Imagen del campo de concentración de Bram, de Agustí Centelles. (Archivos estatales MECD)
Los refugiados son una nación de naciones sin fronteras, ni un lugar en el mundo, que se desplaza escapando de cada nueva barbarie. Todos pasamos por ella. Este año a Europa han llegado 290.000 refugiados; al Líbano, un millón de sirios en busca de refugio. Nosotros somos ellos, ellos fuimos nosotros. ¿Refugiados antes que inmigrantes?

Refugiado español, chocolate crudo

“¿Qué hacemos, pues, aquí encerrados, escarnecidos, tiranizados? ¿Hasta este punto se está jugando con nosotros?”, se pregunta Centelles. El fotógrafo que quería sobrevivir: “El desayuno ha sido peor que la cena. Sólo chocolate crudo”. En una de las entradas apunta su alegría al comer su fruta preferida, el plátano, después de tres años sin probar uno. En junio de 1939: “Empieza el quinto mes de exilio. ¿Hasta cuándo durará? Esto se hace muy largo. Al principio, cuando estaba en Argelès, creía que sería por poco tiempo. Tenía fe en que el ministerio se ocuparía de nuestra situación y nos sacaría enseguida. Me desengañé rápidamente y lo ratifiqué cuando fuimos trasladados a este campo”.
La salida de Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897- Londres, 1944) no fue como la de Centelles. En agosto de 1936, el periodista publicaba su último artículo antes del exilio. Para La Nación también escribe el primer artículo desde París, en enero de 1937. Vive en un apartamento alquilado, junto a su familia y su preocupación crece junto al poder de Hitler. En La agonía de Francia (Libros del Asteroide) escribe sobre la huida de sus compatriotas a las puertas de la invasión nazi: “En Francia, país de asilo, convertido ahora en una inmensa cárcel, quedaban tras las alambradas de espino de los campos de concentración muchos miles de españoles que habían tenido fe en ella. El viejo y acendrado amor que profesábamos a Francia no podrá en mucho tiempo vencer el dolor de la traición que se ha hecho a sí misma y al mundo que creía en ella”, escribe.
Desde un piso en Montrouge, arrabales de París, el ex director del diario Ahora -el periódico de mayor tirada de la Segunda República española- escribe los nueve relatos de A sangre y fuego. Al tiempo apunta la desesperanza de la caída de Francia como referente de los valores morales de Europa.
“A Francia acudían ayer aún, llenos e esperanza, los hombres de toda Europa que seguían teniendo fe en el hombre y en sus valores morales, los que creían en la libertad porque la necesitaban para vivir como el oxígeno para sus pulmones, los que no se resignan a abdicar su dignidad viril ante los monstruos primarios del totalitarismo”. En junio de 1940, Chaves Nogales vuelve a exiliarse, en vísperas de la caída de la ciudad en manos de Hitler.
Los que creían en la libertad porque la necesitaban para vivir como el oxígeno para sus pulmones

El historiador Benito Bermejo ha estudiado durante dos décadas el paradero de los casi 10.000 españoles deportados a los campos de exterminio nazi, sobre todo en Mauthausen (Austria). Él desenmascaró a Enric Marco, el presidente de la asociación de deportados de este campo de concentración. Cuenta que en Francia se hablaba entonces de “españoles blancos” y “españoles rojos”. Los primeros, emigrantes económicos; los segundos, refugiados políticos. “Los refugiados siempre han dicho que se marcharon de España porque peligraba su vida y que los otros salieron, como opción, en busca de trabajo y progreso”, explica a este periódico.
El fruto de esa dualidad entre refugiado e inmigrante forma parte del pasado de Anne Hidalgo (Cádiz, 1959), la alcaldesa de París, cuyo padre salió de España en 1939, junto a Centelles y cientos de miles, y regresó para salir en busca de trabajo, ya con su familia, a finales de los años cincuenta. El historiador recuerda que a los refugiados se les ofrecía alistarse en el Ejército o trabajar en la industria de guerra. Las mujeres y niños solían alojarse en aldeas, en las que se les aseguraba casa y comida.

Destino: la muerte

La tensión de preguerra y la propaganda de los medios de la prensa francesa de derechas incitaba al rechazo al español, que era descrito por estos periódicos como la llegada de una horda comunista que arrasa con iglesias y sacerdotes. Cuando los nazis se hacen con el control del país, los refugiados son mandados a Mauthausen, donde ponen fin al relato de sus vidas.
Este episodio vergonzoso, que ahora protagonizan otros pueblos y ciudadanos que mueren en camiones frigoríficos, en barcazas abarrotadas que naufragan, en las cunetas de Europa, inspiró en su día al dibujante Paco Roca. En El ángel de la retirada (Bang Editores) revive los días más difíciles de las arenas mortales de las playas de Argelès y denuncia “el trato indigno que dieron en Francia a nuestros refugiados”.
Nadie puede liberarse de su pasado, más importante que el lugar del nacimiento. “¡Es el campo de la vergüenza! ¡El campo del desprecio! ¡Dilo! ¡Donde vayas, dilo!”, chilla un personaje en la página más dramática del cómic.
Desde allí, desde las orillas de la Historia, vuelven las palabras de Chaves Nogales para colmar la conciencia europea de vergüenza: “El mar abierto nos mostraba sus rutas innumerables. Aún hay patrias en la tierra para los hombres libres”.  

En septiembre vete de vacaciones con tu mascota


Día 30/08/2015 - 00.57h

Cada día son más los que deciden buscar alojamientos que permitan alojarse con sus animales de compañía

Las vacaciones son el momento para desconectar y relajarse ya sea en familia, amigos o pareja pero para muchos estos días suponen una triste separación de su mascota obligada a disfrutar de un lugar de «vacaciones» distinto al de sus dueños.
Perros y gatos son los principales perjudicados aunque esta tendencia empieza a cambiar según explica a Efe Ricard Martin, portavoz del portal especialista en viajes con mascotas Viajes4Patas quien asegura que nueve de cada diez propietarios de mascotas viajan con ellas, lo que hace que cada vez más establecimientos vean una oportunidad de negocio y acepten animales en sus instalaciones.
El perfil del cliente que viaja con mascota suele ser gente joven, principalmente parejas de entre 25 y 35 años que consideran a su perro como «un miembro más de su familia y viajan con él».

Guías de hoteles, restaurantes y playas

El portal, que se estrenó hace un año y recibe unas 20.000 visitas al mes, ofrece un directorio de empresas relacionadas con el mundo animal, guías de hoteles, restaurantes y playas donde admiten perros, clubs de agility (una serie de ejercicio deportivos para perros) o guarderías y paseadores.
Además, incluye una central de reservas hotelera con establecimientos que admiten animales, un blog y foros donde encontrar gente con la que compartir inquietudes e información. Los propietarios del portal reparten entre los establecimientos que así lo desean un sello adhesivo que lo identifica como «pet-friendly».
Cada establecimiento fija su normativa respecto a las mascotas, si las acepta o no, el número de perros que permite por habitación, su tamaño, según los kilos que pesa, y el suplemento que se tiene que pagar.
Algunos hoteles tiene servicios adicionales para perros e incluso los hay con un «paquete de bienvenida» que incluye golosinas, juguetes o una pequeña cama para el animal.
Según diferentes estudios, los propietarios de perros suelen optar por destinos rurales o de montaña antes que los de playa, básicamente por las restricciones que existen en éstas para la presencia de animales, que está regulada.

Sólo 120 residentes en España de los miles que trabajan en el Peñón acreditan empleo legal


Día 30/08/2015 - 16.20h

El pase a Gibraltar se obtiene con un contrato laboral y la documentación personal

Como todos los paraísos fiscales, Gibraltar está lleno de secretos. Y uno de los más guardados es cuántos trabajadores extranjeros hay allí. Las cifras bailan de manera escandalosa entre 3.500 y 10.000. Algunos medios cifran en 3.500 dedicados sólo al juego online, uno de los grandes negocios de la Roca, pero los gibraltareños necesitan además médicos, enfermeras, servicio doméstico, recogedores de basura y todo tipo de personal asistencial, ya que ellos se dedican a eso. Son «colonialistas», que viven de sus colonos, y nada mal, como delata su PIB. Aunque, repito, conocer el número exacto de esos colonos es imposible y ni siquiera la Delegación de Trabajo en Cádiz es capaz de darnos la cifra. ¿Por qué? Pues porque Gibraltar no quiere darla, como tantas otras. Ni tampoco los que trabajan allí están interesados en facilitarla. Con lo que llegamos a uno de los puntos candentes de la colonia: la dichosa Verja.
Habrán oído ustedes hablar de las colas que se forman ante ella, de los controles aduaneros, de las airadas protestas que se elevan tanto por parte de las autoridades gibraltareñas, como de las británicas, como de los «trabajadores en Gibraltar». Al Gobierno español se le ocurrió un método bastante normal para atenderlas: se habilitaría una línea especial para esos t rabajadores, que podrían pasar sin los controles a los que son sometidos los turistas y el resto de los transeúntes. Para obtener ese pase bastaría presentar un contrato de trabajo en Gibraltar y el carnet de identidad o pasaporte, además de, en su caso, permiso de residencia. Llevamos ya más de un año con esa línea y ¿saben ustedes cuántos han pedido ese pase? Exactamente 120. ¿Qué hay de los miles restantes? Desaparecidos. O, exactamente, no presentados, pues tienen que existir. Pero no quieren «retratarse», no quieren reconocer sus ingresos en Gibraltar viviendo en España, donde pueden tener otro empleo o algún tipo de subsidio, tal vez de paro, que perderían. Prefieren aguantar en la cola del visitante corriente, y es que Gibraltar es un saco de trucos, una chistera de ilusionistas de donde puede salir una paloma o una liebre.
Ello nos lleva directamente a un asunto fiscal, algo de la máxima importancia: la democracia a fin de cuentas se funda en la Hacienda, como tienen establecido los anglosajones, que son los que más entienden de ella. Sin impuestos no hay democracia, así de sencillo. Siguiendo esta máxima, los países pueden catalogarse democráticamente por su sistema fiscal: cuanto más justos sean los impuestos, más democracia habrá, y a la inversa. La pregunta es: ¿cuántos de los que trabajan en Gibraltar y viven en España (teniendo en cuenta que la obligatoriedad fiscal comienza a partir de las ciento ochenta pernoctaciones anuales) pagan o no pagan impuestos?
Nuestra Hacienda, que tan rigurosa es con los españoles, tiene un amplio campo por explorar en los profesionales, la mayoría extranjeros empleados en las compañías de juego, financieras, y de entretenimiento que existen en Gibraltar y que viven en España. Las autoridades gibraltareñas se han dado cuenta de que tienen ese flanco al descubierto y de ahí sus ataques continuos al nuevo sistema de control en la Verja, que amenaza uno de los mayores atractivos del Peñón: la ínfima fiscalidad que hay en él. Conviene advertir que, en este caso, no tienen la menor defensa legal: la Unión Europea es la primera interesada en que se paguen los impuestos señalados dentro de su ámbito y no moverá un dedo por los defraudadores del fisco español.
De ahí también que el sistema de «pases» de trabajador en la Verja no haya sido un fracaso, pese al exiguo número que obtuvo de solicitantes. Resulta que puede ser una excelente vía para localizar a defraudadores. Ahora que nadie espere que las autoridades gibraltareñas colaboren para localizarlos.

Viaje al búnker secreto de los Tedax


Día 30/08/2015 - 00.28h

Los artificieros de la Policía cumplen cuatro décadas y ABC muestra su «museo» con bombas terroristas

En un lugar recóndito y secreto del complejo policial de Canillas; una puerta esconde una sala que realmente funciona como museo privado. Es una colección de vitrinas y expositores donde se guardan, fundamentalmente para las visitas de las autoridades, algunas de las bombas y demás artefactos explosivos desactivados por los artificieros del Tedax. ABC se adentra en este lugar secreto, que depara muchísimas sorpresas, coincidiendo con el 40º aniversario de la creación de esta unidad de elite del CNP, en enero de 1975, trece meses después del magnicidio del almirante Luis Carrero Blanco, presidente de Gobierno.
Pese a la historia negra que tiene tatuada cada uno de estos artilugios, muchos realmente curiosos y sofisticados, lo que más eriza la piel es el grupo de fotografías de agentes fallecidos en acto de servicio. La historia de los últimos cincuenta años de España, por desgracia, no se entendería sin la lacra del terrorismo: desde el de ETA al yihadista, pasando por los Grapo.
Hay un cajón de madera con lo que parecen dos bidones de metal. También ollas a presión. Cables. Y mucha tornillería, alguna de dimensiones extraordinarias. Son los componentes de los que fatalmente se conocen como «coches-bomba» y su mortal metralla, que tantas vidas sesgaron hasta no hace mucho.
Uno de los más veteranos miembros de la rebautizada desde hace once años como unidad Tedax-NRBQ (a raíz del inicio del riesgo de ataques nucleares, biológicos y químicos) muestra una agenda, aparentemente inofensiva. Al abrirla como un libro, un hueco, una pasta azul parecida a la plastilina (pero mortal) y unos cables delatan que se trata de un explosivo. Lo mismo ocurre con una caja de puros Montecristo que fue enviada a la redacción de Sevilla y que un reconocido periodista, aficionado a los habanos, a punto estuvo de abrir en marzo de 2000. Era el «regalo» envenenado de los asesinos etarras.
Hay también lugar para curiosidades menos truculentas. Por ejemplo, granadas de mortero y distintos artefactos «rescatados» de los montes madrileños décadas después del final de la Guerra Civil. Bombas, también, que jamás llegaron a derramar sangre.