martes, 5 de abril de 2016

El Congreso vota hoy derogar la Ley de Seguridad Ciudadana y las «expulsiones en caliente»


La medida, propuesta por ERC, afectaría a la eficacia de la lucha contra el terrorismo y eliminaría garantías jurídicas, tanto para las Fuerzas de Seguridad como para los ciudadanos
Uno de los asaltos a la valla de Melilla - EFE
PABLO MUÑOZMadrid - 04/04/2016 a las 19:32:30h. - Act. a las 03:40:04h.Guardado en: España
La Comisión de Interior debate hoy, a propuesta de ERC, que el Congreso inste al Gobierno a que derogue la Ley de Seguridad Ciudadana y detenga de forma inmediata las devoluciones «en caliente» en las fronteras de Ceuta y Melilla. Al margen de lo estrafalario de la propuesta en este momento –un Ejecutivo en funciones no tiene iniciativa legislativa y por tanto no podría cumplir un mandato así–, lo cierto es que la citada Ley Orgánica es la principal norma jurídica que rige las actuaciones de las Fuerzas de Seguridad, da garantías jurídicas tanto a los agentes como a los ciudadanos y supone una herramienta decisiva para luchar contra las formas más graves de delincuencia, incluido el terrorismo yihadista. La actual composición de la Cámara Baja podría dar vía libre a una propuesta que al no llevar aparejada una ley alternativa provocaría un vacío legal descomunal de consecuencias imprevisibles.

Derechos y obligaciones

Si se deroga la Ley de Seguridad Ciudadana con ella decae, por ejemplo, su artículo 4, en el que se detalla que la actuación de las Fuerzas de Seguridad se regirán por los principios de legalidad, igualdad de trato y no discriminación, oportunidad, proporcionalidad, eficacia, eficiencia y responsabilidad y control administrativo y jurisdiccional. ¿Con qué criterios, por tanto, se regirían a partir de ahora los Cuerpos de Seguridad?
Además, la ley vigente establece las garantías en las identificaciones policiales que deben basarse en los principios de proporcionalidad, igualdad de trato y no discriminación. Si se deroga, ¿se dejaría aspectos tan sensibles al criterio de los profesionales, al no haber un marco jurídico claro? Lo mismo puede decirse de un procedimiento excepcional, como son las identificaciones en dependencias policiales, que por primera vez una ley somete a un límite de tiempo y a una serie de garantías como son la expedición de un volante acreditativo de la identificación y la constancia en un libro registro que se envía mensualmente a la Fiscalía para que sea examinado. Nada de eso aparecía en la ley de 1992, y parece que ERC quiere borrar esas garantías de un plumazo.
Lo mismo sucede con algo tan sensible como es la expedición del DNI, cuya regulación recoge, en solitario, la Ley de Seguridad Ciudadana.

Fin de los controles preventivos

La Ley Orgánica atacada regula la forma en que deben realizarse las comprobaciones y registros en lugares públicos para impedir el uso de explosivos y armas o el narcotráfico, y es la herramienta que permite a las Fuerzas de Seguridad realizar los controles preventivos necesarios para luchar contra el terrorismo yihadista o el tráfico de drogas. Si esa ley no existe, ¿cómo se harían? El mismo argumento sirve para los registros corporales a sospechosos, los conocidos como «cacheos».
La actual legislación recoge garantías como el principio de mínima injerencia u obligación de ser practicados por agentes del mismo sexo, por ejemplo. Si este aspecto no se regula no se podría controlar eficazmente el acceso de terroristas con armas o explosivos a los aviones, ni impedir la entrada de individuos armados a espectáculos públicos, o el de hinchas violentos armados a los estadios... Es decir, entre otras cuestiones graves, la lucha contra el terrorismo islamista quedaría seriamente comprometida.

Armas y explosivos

Otro aspecto clave de la Ley de Seguridad Ciudadana es la regulación de todo lo que afecta a la fabricación, reparación, almacenamiento, circulación, comercio, transporte, distribución, adquisición, certificación, enajenación o utilización de armas, explosivos, cartuchería y artículos pirotécnicos. Basta recordar la matanza del 11-M para valorar la importancia de este asunto. Pues bien, todo el régimen de intervención administrativa tiene su única base legal en la ley que ahora se pretende derogar. Pero es que además en este aspecto somos un referente para todos los países de la Unión Europea por el fuerte control que existe, razón por la que en nuestro país es muy difícil adquirir ilegalmente armas o explosivos.

Drogas, punteros láser...

La Ley de Seguridad Ciudadana regula otros aspectos que parecen menores, pero que tienen que ver con la pequeña delincuencia que tanto daño hace. Se trata del consumo de drogas en lugares públicos, el abandono de jeringuillas, las «cundas», la prostitución a las puertas de los colegios, institutos o parques infantiles o deslumbrar a pilotos de avión o a conductores con punteros láser, exponiéndoles a graves accidentes. Todo ello también quedaría sin respuesta.

«Expulsiones en caliente»

Uno de los «mantras» preferidos de la izquierda, ya sea en su versión tradicional (PSOE) o emergente (Podemos y afines), es que se acabe con lo que ellos llaman expulsiones «en caliente», realidad a la que el Gobierno se refiere como «expulsiones en frontera». La iniciativa de ERC que hoy se debatirá en la comisión de Interior del Congreso pide también la supresión de esta práctica y no es improbable que, dada su composición, se acabe aprobando.
Acabar con el rechazo en frontera supondría aceptar la entrada en nuestro país de cualquier persona que logre pasar la primera valla fronteriza, aunque sea de forma violenta. Se argumenta que cuando se cruza esa primera valla esa persona está en España y hay que incoarle el correspondiente expediente administrativo para expulsarlo. El argumento es rebatido por el Gobierno, que afirma que se puede hacer si el rechazo se produce «mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos».
Pero al margen de tecnicismos, acabar con el rechazo en frontera provocaría un fuerte efecto llamada en Ceuta y Melilla con consecuencias  imprevisibles.


La Policía Municipal tacha a Carmena de 'partidista y sectaria'

 

Ahora Madrid convertirá finalmente a la Policía Municipal en "una especie de ONG de buenismo facilón", como ya aseguró temer la concejal de Seguridad y Emergencias del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Inmaculada Sanz.
S. Toro
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Ahora Madrid convertirá finalmente a la Policía Municipal en "una especie de ONG de buenismo facilón", como ya aseguró temer la concejal de Seguridad y Emergencias del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Inmaculada Sanz, el pasado mes de enero. En palabras de Ahora Madrid, la ciudad dispondrá a partir de ahora de un Cuerpo "volcado en la sociedad, próximo, orientado a la resolución de problemas, preventivo, democrático y con transparencia interna". También contará con una Policía ideológica, o lo que ellos definen como "una unidad policial contra los delitos de odio en la que podrían integrarse profesionales de segunda actividad con experiencia en mediación y que se encargaría, entre otras cosas, de prevenir agresiones contra los refugiados que lleguen a Madrid".


El Plan Director de la Policía Municipal -que ha sido diseñado durante meses sin contar con la colaboración de los sindicatos policiales- fue presentado el pasado jueves por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, el concejal de Salud, Seguridad y Emergencias, Javier Barbero, el director del Cuerpo, Andrés Serrano, y el coordinador general de Seguridad y Emergencias, Daniel Vázquez. El nuevo modelo entró en vigor el mismo día 31 de marzo y refleja el modelo de ciudad que busca el equipo de Gobierno de Carmena: está encaminado a la "resolución de conflictos que afectan a la convivencia" y pretende ofrecer "una policía a medida de la sociedad volcada con los colectivos más vulnerables".
El proyecto, en el que, aseguran, "se plasma una serie de principios filosóficos partidistas que muchas veces colisionan con la labor policial propiamente dicha", apenas incluye novedades respecto a la forma de trabajar del Cuerpo: algunas unidades cambian de denominación y otras se transforman, a la vez que se ofrece una mayor presencia de los agentes en los 21 distritos de la ciudad. "Todo es lo mismo", señalan, salvo la puesta en marcha de dos nuevas unidades: la anteriormente mencionada de delitos de odio y una sección de atención a los mayores, además del incremento de agentes en bicicleta hasta convertirlos en departamento. También se prevé la creación de la llamada Unidad de Apoyo a la Seguridad, que sustituye a la Unidad Central de Seguridad -conocida como antidisturbios- que queda operativa aún y se dedicará a atender situaciones que requieran apoyo en grandes eventos y servicios especiales. Carmena y su equipo hablaron de "cercanía", de la "ciudad de los cuidados", "descentralización" de la Policía y "convivencia". Es decir, Ahora Madrid quiere convertir a los agentes en una especie de mediadores sociales. Los representantes de los principales sindicatos de la Policía Municipal han lamentado en Gaceta.es que la regidora no entienda que "el comportamiento de los delincuentes no cambiará diciéndoles que está mal lo que están haciendo".
Las fuentes consultadas han expresado su decepción por este Plan y han trasladado sus dudas sobre la posibilidad de llevarlo a cabo debido a la escasa y envejecida plantilla actual -se encuentran al 82% y la edad media de los agentes es de 46,9 años-. También se han mostrado preocupados ante la pretensión de la marca blanca de Podemos de "desnaturalizar" de sus funciones al Cuerpo, "como ya hicieron -según denunció Inmaculada Sanz- con la Navidad de forma grotesca".

'Folletín partidista y sectario'

En las 112 páginas que ocupa el documento se pueden observar diferentes iniciativas, pero la más polémica ha sido la intención de Carmena y Barbero de paliar la ausencia de agentes de religión musulmana, budista o hinduísta, o de raza negra, asiática, india o etnia gitana fijando unas cuotas en la plantilla reservadas a estos colectivos minoritarios.

La decisión constituye una forma de discriminación positiva que ha levantado ampollas entre los policías, pues creen que atenta directamente contra la Constitución al tratar de forma favorable a determinados candidatos a estas oposiciones públicas. Es por ello que estarán "expectantes en cuanto a su desarrollo y denunciarán todas aquellas medidas que puedan ser constitutivas de un ilícito penal". Consideran que esta iniciativa "no tiene ningún sentido y estamos convencidos de que no tendrá mucho recorrido". Además, hay que recordar que únicamente el 60% de las plazas es de libre acceso, pues el 20% está reservado a tropa y marinería y el otro 20% es de movilidad horizontal -para los agentes de la Policía Local de la Comunidad de Madrid-. "Hablando claro -añaden-, el Plan Director es un folletín partidista y sectario".

'No vamos a tolerar que se cuestione la labor policial'

Otro aspecto que consideran "gravísimo" es la creación de un Comité Ético externo que estará formado por representantes del Ayuntamiento, de la Dirección de Policía y miembros de la sociedad civil y cuyo objetivo es "analizar la incidencia en materia de derechos humanos y libertades fundamentales de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y del Código Penal". En lo que a la Policía Municipal se refiere, esta Comisión "investigará los posibles indicios de vulneración de derechos e informará de estas incidencias a las instituciones pertinentes". De entre los derechos que los agentes podrían llegar a vulnerar, Barbero ha citado en anteriores ocasiones "el derecho a la no discriminación, a la igualdad procesal, a la presunción de inocencia y a la igualdad jurídica".
Para los sindicatos, "Barbero y su equipo hacen gala de un profundo desconocimiento de nuestro Cuerpo y deberían saber que todos los policías municipales de Madrid estamos ya sujetos en todas nuestras actuaciones a un severo régimen disciplinario y a la supervisión de los tribunales de justicia". Queda en el aire si esta Comisión tendrá como último fin ejercer una coacción a los agentes para que no ejerzan libremente su trabajo. Los agentes aseguran que "bajo ningún concepto" van a aceptar la creación de este Comité, que "seguramente estará compuesto por unos iluminados que el propio Barbero designará a dedo para que establezcan si las actuaciones de la Policía vulneran los derechos humanos".

Compromís pide expulsar de las procesiones a policías y militares

 

Su coportavoz Carles Mulet ha instado a las autoridades de Defensa e Interior que las fuerzas de seguridad asistan a las procesiones de Semana Santa solamente para desarrollar las funciones de seguridad pública, pero sin formar parte del acto.
Gaceta.es
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El político valenciano y coportavoz de Compromís Carles Mulet ha defendido que una cosa “bien distinta” es la presencia de policías, militares y otros cuerpos “dentro de sus funciones de seguridad pública” y otra “su integración entre los principales actores de las procesiones formando parte de la exhibición”.


El coportavoz de la coalición ha cuestionado la participación de los policías, militares y otras fuerzas “con toda la simbología militar, vestimenta y armas, en procesiones religiosas y exhibiciones formando parte de ellas”.
Asimismo, Compromís ha pedido a las autoridades de Defensa e Interior conocer “dónde están reguladas la responsabilidad y presencia de la Legión y cuerpos de seguridad en las procesiones” y, en caso de no existir, ha instado a que se regulen.  “Así debería ser dentro de la actual normativa, jurisprudencia y aconfesionalidad del Estado a pesar del vacío legal existente”, ha mantenido Compromís.
Por último, la coalición ha tildado de “provocador y rancio” el carácter pseudomilitar y los gritos a la unidad de España y la religión que tienen lugar durante las procesiones de Semana Santa.“La presencia de agentes en los pueblos y capitales debe garantizarse en la lucha contra la criminalidad, en la vigilancia de bienes culturales de especial valor que puedan participar en una procesión u otras reconocidas en las leyes, pero es necesario ejercer la neutralidad del Estado y que sea para el César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, ha concluido Mulet.
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Nuevo despilfarro de la Guardia Civil: vuelve a pagar a sus agentes una peregrinación a Lourdes

 

La AUGC, asociación mayoritaria de la Guardia Civil, vuelve a criticar un año más el derroche que el Cuerpo realiza en su peregrinación a Lourdes, que costará a los ciudadanos más de 10.000 euros. 
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El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en un acto de la Guardia Civil - Foto EFE
  • El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en un acto de la Guardia Civil
El afán del ministro de Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, por dotar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de aspectos religiosos es más que conocido. Tras los quebraderos de cabeza que le ha causado la concesión de la medalla policial a la Virgen del Amor, ahora la Dirección de la Guardia Civil no quiere romper las costumbres y un año más vuelve a mandar a "quince agentes y mandos" a la peregrinación de Lourdes entre el 20 y 22 de mayo. Esta visita, con carácter de "comisión de servicio indemnizable" le costará a los ciudadanos un total de 10.851,92 euros con "todos los gastos pagados".
Esta nueva visita a Lourdes le costará a los ciudadanos 10.851,92 euros con "todos los gastos pagados"
Así, la AUGC vuelve a denunciar este derroche que supone esta tradición, que se repite año tras año, en un momento en el que los trabajadores de la Guardia Civil sufren recortes en sus medios de seguridad diarios como "los chalecos antibalas individuales o vehículos". "Los guardias civiles deben seguir padeciendo una cada vez mayor precariedad en medios humanos y materiales, con cuarteles que se caen a pedazos y una Dirección General que alega no contar con presupuesto para abonar la renuncia a las vacaciones en verano, debemos comprobar un año más cómo se malgastan los recursos en asuntos absolutamente ajenos a la esencia del Cuerpo", apunta la AUGC en una nota interna.
La asociación, que cuenta con más de 30.000 afiliados, lamenta ese despilfarro económico por una peregrinación a Lourdes que evidencian "que para esos viajes y otros boatos la caja siempre está abierta": "Las prioridades de la Guardia Civil parecen ser otras, como atestigua esta nueva peregrinación, o como dejó claro el derroche del acto de recepción de una bandera entregada recientemente por parte del Ayuntamiento de Logroño", denuncia AUGC.
En su opinión se trata de actos religiosos que "no deberían formar parte de un estado democrático y acofensional".

El siglo en que España empezó a meterse el dedo en el ojo

 

La época de 1900 son los años del gran fracaso español. Todo el tinglado se resiente y no hay dirección competente que tome decisiones de calado
Foto: Calderote (Primera Guerra Carlista) de Ferrer Dalmau.
"Calderote" (Primera Guerra Carlista) de Ferrer Dalmau.
A veces en esta vida, lo más difícil es saber que puente cruzar y cual quemar.
Zenk.
El carlismo no fue en modo alguno, o al menos exclusivamente, el resultado de la sucesión femenina del rey Fernando VII en la figura de su hija Isabel. Como corriente ideológica y hecho sociopolítico es anterior a la Pragmática Sanción –alumbrada en 1830–, que derogaba las disposiciones en relación con esta anómala forma de sucesión y ponía patas arriba la tradicional Ley Sálica de origen francés (por otro lado bastante machista por injusta y excluyente hacia los vástagos femeninos).
El adjetivo "carlista" designa a una corriente política preexistente, que despunta mediada la última década de la actuación del ominoso monarca fernandino (1823-1833). Esa corriente o paraguas abarcaba a los llamados realistas, un conjunto muy heterogéneo de individuos o grupos que en aquel tiempo del reinado de aquel bandarra llamado Fernando VII eran partidarios de la monarquía absoluta o, lo que es lo mismo, la preservación de las instituciones del Antiguo Régimen, por otra parte, bastante rancias y con poca o nula ventilación.
En los años veinte del siglo XIX, se hacía perentoria la sustitución del rey traidor a la Constitución de Cádiz, no solo por eso, sino por su aura de malvado
De un análisis global sobre el carlismo o realismo se traduce que su “pensamiento” político era radicalmente antiilustrado y antiliberal, ingredientes en un contexto más amplio, pero con un tufillo que impregnaría en buena parte del siglo XIX y XX muchos de los movimientos sociales, reaccionarios a cualquier forma de evolución del país hacia un futuro más acorde con las demandas intramuros y las exigencias posicionales exteriores de una nación que aspire a la modernidad. Un “tic” endémico de la España eterna, y en definitiva, de nuestro poco aburrido 'kindergarten' patrio.
En los años veinte del siglo XIX se hacía perentoria la sustitución del rey traidor a la Constitución de Cádiz, no solo por eso, sino por su aura de malvado con cola tridentina. Su retorno tras el secuestro de su oronda figura en Francia y las insanas decisiones posteriores en política doméstica no habían sido olvidadas por una buena parte de los ciudadanos agraviados por los desatinos de este incalificable personaje. Para ello, se había pensado en su hermano, el infante Carlos María Isidro, en esos momentos, heredero directo de la Corona. Quizás de ahí surgiera la derivada o mutación de realistas a carlistas.
Entonces, como consecuencia de la Pragmática Sancion, Isabel II se convirtió en el primer monarca constitucional de España, habida cuenta las peculiares circunstancias en las que se desarrolló –o no– la constitución de Cádiz. Cuando murió en 1833 el infame e infumable Fernando VII “el deseado”, Isabel II todavía andaba en taca-taca, y la clase política de la época, en un inusual arrebato de lucidez, aprovecharía la ocasión para establecer un régimen constitucional, que se decantaría en la “criatura” de 1837. La España reaccionaria, los llamados realistas, ante la pérdida de protagonismo y el inevitable desplazamiento y centrifugado de los círculos de poder, van y se sublevan. Las llamadas guerras carlistas (o realistas) fueron verdaderas guerras civiles en toda regla.

El gran fracaso español

Como en cosmética, siempre se trata de ocultar (o potenciar) lo obvio con habilidad y destreza. La cuestión aparente era la de negar la legitimidad de Isabel II para ser reina por el hecho de ser mujer, pero el meollo de la cuestión, la esencia del conflicto giraba en torno a la lucha entre absolutistas y liberales. Los reaccionarios sufrieron algunos correctivos y la España liberal intentó acercarse al futuro, aunque la escora de la nave era bastante acusada por las taras endémicas de una nación poco dada a crecer o renovarse en su propia identidad. Bascular lastre para equilibrar la algarabía del gallinero nacional no estaba en el ADN o el “Ethos” de los sanguíneos y temperamentales españoles.
El siglo XIX es el siglo del gran fracaso español. Todo el tinglado se resiente y no hay dirección competente que tome decisiones de calado. Se pierden las colonias, la gran potencia que fuimos se diluye en el retrovisor. Llegamos tarde a los dos grandes procesos históricos en ciernes, la revolución industrial y el establecimiento del estado liberal de derecho. Y como proyección o espejo de lo que ocurre en ese periodo, la figura de Isabel II simboliza nuestra decadencia. Un desgobierno, el español, con causas mucho más amplias que las situadas en las libidinosas fronteras del pubis de esta reina de vida alegre, que en el fondo favorecía el saneamiento de la endogamia borbónica a través del vital intercambio genético, evitando así la letal consanguinidad y secuelas periféricas.

El siglo en que España empezó a meterse el dedo en el ojo
Los españoles nos lanzamos a degüello entre nosotros como si de una trivial partida de futbolín se tratara, pero en la realidad comenzábamos a cruzar las latitudes negras del siglo venidero, y transcurridos solo seis años nos volvimos a echar en manos de los Borbones como mal menor. Amadeo de Saboya, hombre culto y sensible al factor humano, lo clavaba en eso de que los españoles éramos los peores enemigos de nosotros mismos. Del mismo modo, Cánovas, el promotor de la Restauración, decía que había venido a galvanizar el cadáver político de España; y no nos olvidemos de la famosa frase de Otto von Bismarck, que ese sí que lo bordaba, cuando decía: "Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido. El día que deje de intentarlo, volverá a ser la vanguardia del mundo”. Esta frase histórica y lapidaria nos podía hacer reflexionar para perder la arraigada costumbre nacional de meternos el dedo en el ojo un día sí y otro también, y empezar a demostrar responsabilidad y altura de miras a través de pequeñas y simbólicas concesiones que engrasarían muy bien la máquina de la concordia y un horizonte más prometedor.

Con la Iglesia hemos topado

En un primer asalto ganaría a los puntos el realismo, que a partir de ahora llamaremos carlismo. Los Cien mil hijos de San Luis, liderados por el Duque de Angulema ,penetraron en tromba por los Pirineos e hicieron unos cuantos rotos en la piel de toro. Fernando VII se instalaría cómodamente en la poltrona, cogiendo algo de sobrepeso, aunque, curiosamente, las entendederas le funcionaron algo mejor que antaño. Buscó crear un fulcro donde asentar el “centrismo”, que llamaríamos ahora.
En una sociedad abocada al cambio o al estancamiento, no se podía imputar a una razón “mono causal” los acontecimientos en liza. La Iglesia estaba entre bambalinas empeñada en que la revolución liberal no prosperara y para más abundamiento quería revitalizar la extinta Inquisición y, obviamente, tocaba aquellos palos que podían coadyuvar a sus propósitos. La pervivencia de las antiguas instituciones estaba amenazada y el clero con sus enormes privilegios agitaba la cuna sin reparo alguno. La Iglesia corría el peligro de perder su hegemonía económica, cultural y social, y hasta ahí podíamos llegar mangas verdes.
Aunque entre 1872 y 1874 hubo alguna esperanza de reavivar al viejo ideario carlista, el tiempo de la gloria ya había pasado
Es bastante probable que las llamadas tres guerras carlistas se redujeran a dos, pues la segunda tuvo mucho de enfrentamientos entre partidas fuertemente armadas, pero sin consistencia estrictamente militar. Algunos historiadores han visto en nuestra terrible Guerra Civil de 1936 una cuarta proyección de esta calamidad patria, pues de alguna manera refleja cierta mentalidad carlista sobre el carácter de nuestros enfrentamientos civiles.
Quizás el visado para una cierta aprobación del movimiento carlista residiera en que actuaba como vehículo de repudio del orden social imperante por las amplias capas sociales excluidas de la representación y participación, en el anhelo de una transformación negociada o consensuada ante un poder oligárquico amurallado y enrocado. Lamentablemente, las llamadas partidas nunca tuvieron mandos de altura que supieran llevarlas hacia una consolidación territorial para después traducirla en administrativa. Jamás, salvo escasos periodos de cierta duración, en el País Vasco-Navarro, Cataluña y el Maestrazgo hubo atisbos de asentamiento duradero.
Baldomero Espartero, príncipe de Vergara.
Baldomero Espartero, príncipe de Vergara.
Aunque entre 1872 y 1874 hubo alguna esperanza de reavivar al viejo ideario carlista, el tiempo de la gloria ya había pasado. A pesar de victorias sonadas como la de Montejurra y Somorrostro, se estrellarían contra Bilbao una y otra vez. Ante la indiferencia de Europa en una anacrónica guerra legitimista y la acción de un astuto Cánovas, que recogería bastantes de las aspiraciones carlistas, este movimiento se iría diluyendo con el viento del tiempo, quedando acciones testimoniales residuales como la de la colaboración con los sublevados en la Guerra Civil del 36 por parte de un carlismo montaraz y retrogrado.
De toda esta pequeña historia de rencillas, golpes de mano y un irracionalismo a ultranza, cuyo frenado hizo al país restar las energías necesarias para ir hacia adelante, quedará la figura del Abrazo de Vergara entre Espartero y Maroto en el año 1839. Un ejemplo de cómo podría haber finalizado nuestra trágica y todavía cercana Guerra Civil, y un símbolo de arranque para una nueva época en nuestra confusa coyuntura política actual.
Mi particular visión sobre nuestro país no deja de ser una verdad relativa –pues eso es lo que es cualquier verdad– y solo busca ser una reflexión para aquellos que creen estar instalados en los territorios de la razón pura. Los otros siempre son una parte de la solución. Si queremos evolucionar con ambición y perspectiva, tal vez sería mejor que dejáramos de darnos estacazos.

Lo que los americanos deberían aprender de los españoles, según 'The New York Times'

 

¿De verdad somos 'pigs'? Una de las columnistas del rotativo compara a EEUU con nuestro país en un tema delicado y, por una vez, no salimos perdiendo
Foto: Cerveza, sol y tortilla: el paraíso de las bacterias. ¿O no? (iStock)
Cerveza, sol y tortilla: el paraíso de las bacterias. ¿O no? (iStock)
De un tiempo a esta parte, la imagen de los españoles en los medios extranjeros ha empeorado a pasos agigantados. La denominación 'pigs' que se utilizó para referirse a los países del sur de Europa que sufrían problemas de déficit implicaba, además, cierta referencia a la higiene. Los cerdos ('pigs') del sur eran los países mediterráneos, conocidos por su actitud relajada, su tiempo caluroso y, supuestamente, cierta aversión al esfuerzo físico, así como a la limpieza.
Cada crítica puede llevar implícito un elogio si la interpretamos desde un prisma completamente opuesto, y es lo que ocurre con la supuesta actitud laxa ante la higiene de España. Es lo que sugiere en su columna de opinión del pasado domingo Tal Abbady, la periodista de 'The New York Times' que vivió en Madrid durante siete años, donde se ganó la vida como 'freelancer'. Curiosamente, su descripción de la higiene española no sirve, como estamos acostumbrados, para trazar una condescendiente distancia, sino para criticar las costumbres higiénicas modernas en general y estadounidenses en particular.
Los españoles pueden fregar una casa mejor que nadie, pero han preferido centrar sus miedos en los altos niveles de desempleo o la corrupción
Abbady utiliza España como contraste de la obsesión por la limpieza en EEUU que, asegura, afortunadamente aún no ha llegado a Europa. La columna arranca con un programa de radio en el que tres oyentes explicaban el miedo que sentían a viajar en avión. Uno de ellos aseguraba que no se montaba en ningún aparato sin haberse pertrechado previamente de toallitas higiénicas que le permitiesen limpiar el asiento, la mesa y el reposabrazos antes de despegar. Otro añadía que extendía dichos hábitos a los hoteles, es decir, hacía lo propio con el teléfono, la cadena del wáter y cualquier otra área potencialmente contaminada. El último sugería que deberían dar trajes de aislamiento a los viajeros antes de montarse en el avión.
Aquí es donde irrumpimos los españoles que, ¡sorpresa!, nos convertimos en un ejemplo positivo en la exposición de la periodista. Abbady asegura que, frente a la rampante obsesión higiénica americana, los españoles tenemos hábitos mucho más sencillos… y aún no nos hemos muerto ahogados en nuestra propia mierda. “Los españoles (o, mejor dicho, sus limpiadoras) pueden fregar una casa mejor que nadie, pero la lejía es un producto opcional y, en recientes años, la gente ha preferido centrar sus miedos en los altos niveles de desempleo, los desahucios o la corrupción gubernamental”, explica la autora. “Las encimeras de las cocinas se consideran generalmente inocuas”.

Lo que los americanos deberían aprender de los españoles, según 'The New York Times'
La exposición de la periodista resulta reveladora en cuanto que sugiere que el miedo a la suciedad surge cuando uno no tiene preocupaciones más tangibles. Al fin y al cabo, añadimos nosotros, ¿no le ocurría lo mismo a Howard Hughes, uno de los hombres más poderosos del mundo, y que terminó sus días conviviendo con el pavor a los gérmenes? La autora señala que en el mundo existen gran cantidad de cosas por las que preocuparse (“resultados de una mamografía, ataques terroristas, una presidencia de Donald Trump y bacterias resistentes a los antibióticos”), pero que los gérmenes no son uno de ellos. En su lugar, anima a sus compatriotas a dar una vuelta por el parque o a visitar uno de esos países “donde tu bebida viene con tapa, que a menudo tiene pan fresco y aceite de oliva, y donde los perfectos desconocidos te recuerdan a diario que las cosas no están tan mal”.
Ese es uno de los puntos en los que incide la autora: si no estamos obsesionados por la limpieza es, sobre todo, porque nuestro marco mental es muy diferente y puede resumirse en las palabras “no pasa nada”. De acuerdo, es probable que sea la misma imagen que los españoles tenemos, por ejemplo, de los países caribeños, pero la autora la describe como “unos valores ganados con dificultad en un país que ha sobrevivido, durante las últimas décadas, a una sangrienta guerra civil, seguida por una dictadura, una transición a la democracia, un crecimiento económico meteórico, una inmigración disparada y el actual desplome económico”.
Después de pasar varios años bebiendo vinos españoles y tomando tapas, la obsesión desapareció
Lo más llamativo es que un país como Venezuela se parece más a EEUU que a España. Según la autora, que creció allí, las alarmas sobre los problemas de higiene eran constantes. Y aunque en nuestro país es también común que los profesores enseñen a los niños hábitos higiénicos, puede ser que estos no sean tan importantes como al otro lado del charco. “¡Gérmenes, gérmenes, gérmenes!”, gritaba la profesora venezolana de Abbady cuando cogía comida de un amigo mientras jugaban. Aún más fuerte es la presión por la limpieza en EEUU, donde “descubrí que podía añadir mi miedo a la contaminación bacteriana a un amplio repertorio cultural de posibles causas de muerte temprana”.
Esta obsesión desapareció, no obstante, después de pasar “años bebiendo vinos españoles y escuchando 'no pasa nada' varias veces al día, dicho por gente que conocía bien el valor del trabajo y el sacrificio”. Además, se trata de una obsesión paradójica, puesto que como asegurábamos en un reciente artículo sobre la limpieza de los cuartos de baño, en los hospitales, de los lugares más esterilizados que podemos imaginar, es donde habitan las bacterias más peligrosas.
En un conmovedor momento, Abbady explica cómo su madre fue confinada a una habitación completamente esterilizada antes de morir, puesto que su sistema inmunitario estaba tan debilitado que debían entrar a verla con una mascarilla. El exnovio de la autora le aconsejó no tocar su mano para evitar contagiarse de su enfermedad, y así lo hizo durante un tiempo. Sin embargo, poco antes de morir, su madre estrechó su mano. Y, en ese instante, su “frío miedo se hizo añicos”. Un bello recordatorio de que los hombres nos hemos tocado durante milenios y ello, en la mayoría de casos, no ha ocasionado ninguna tragedia.

SOBRE LAS ACADEMIAS ESPECIALES DE LAS ARMAS DEL EJÉRCITO DE TIERRA (General de División Juan Mateo Castañeyra)

SOBRE LAS ACADEMIAS ESPECIALES DE LAS ARMAS DEL EJÉRCITO DE TIERRA (General de División Juan Mateo Castañeyra)


Un nuevo colaborador se une a nosotros. El General de División (R.) Juan Mateo Castañeyra.
Creo que más se conoce a una persona por sus hechos que por sus palabras. En este caso los hechos son su impecable historial pero no debemos perder de vista sus palabras que son en definitiva un reflejo y testimonio de sus hechos. Eso es ahora lo que le pedimos. Que nos transmita su dilatada experiencia y se una en este camino emprendido en defensa de España y sus ejércitos. ¡Bienvenido! mi general. Tienes la palabra.
Tte. Agrupación de Tropas Nómadas y Primera BPAC
Cap. Estado Mayor Brigada de Montaña y Segundo Tercio Legión
Cte. Estado Mayor División de Montaña  y RCZM América 66
Tcol RCZM América 66, Guardia Real y EMACON
Coronel. Jefe del Segundo Tercio Legión y Jefe Gabinete Cuarto Militar
GB Director. ACINF
GD Jefe de Tropas del Mando de Canarias y Subinspector de la IV Subinspección de Ejército.
DEM y Estados Mayores Conjuntos
ihycm-3079-gSOBRE LAS ACADEMIAS ESPECIALES DE LAS ARMAS DEL EJÉRCITO DE TIERRA (General de División Juan Mateo Castañeyra)
La formación de un Oficial es compleja, como complejas son las diferentes misiones y situaciones en las que puede verse envueltos en el desarrollo de su profesión. Pero esa complejidad, digamos técnica de su formación, tiene que verse completada con una sólida  educación moral  que le capacite para poder liderar hombres, tomar decisiones y asumir responsabilidades en situaciones tan adversas como las que se dan en el combate. Esa formación moral, es precisamente la que justifica la existencia de las Academias Militares.
lamina01En España, la enseñanza superior militar, es tan antigua y tan selecta, como posiblemente desconocida. Ha habido épocas en nuestra historia, durante las cuales la Academia de Matemáticas de Barcelona (Academia de Ingenieros) y el Real Colegio de Artillería de Segovia, (la academia militar más antigua del mundo), eran de los pocos sitios en nuestra Patria donde las materias científicas eran estudiadas y sus alumnos contribuyeron de manera notable al progreso de nuestra nación. Otro tanto, aunque mucho más moderna, puede decirse de la Escuela de Estado Mayor, que durante la segunda mitad del siglo XIX fue un centro de enseñanza de gran prestigio militar y civil.
Pero los tiempos cambian y  así surge en la enseñanza militar la Academia General Militar, que desde su fundación respondió a la necesidad de establecer una unidad de doctrina entre las Armas del Ejército de Tierra así como fomentar el compañerismo entre sus miembros
Durante sus tres épocas, la AGM respondió con creces a esta  finalidad y fue además un referente de excelencia en sus sistemas de enseñanza. Durante la primera época (1882-1893), constituyó el primer centro de Enseñanza Superior de España, que adoptó los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Durante la segunda (1927-1931), en palabras del Ministro de la Guerra francés, el Sr Maginot, fue el centro de enseñanza militar mejor de Europa. En su tercera época, la actual, los Oficiales que salen de sus aulas cumplen su misión cooperando con los mejores ejércitos del mundo, demostrando muy satisfactoriamente cada día su formación militar y moral.20080710_E_Despachos_AGM_Z_07_G
La existencia de la AGM. se combinó siempre con la de las llamadas Academias de las Armas o Academias Especiales,  porque el mando fue consciente, que si es cierto que sin la existencia de la primera se podía producir y de hecho se producía, un exarcebado y perjudicial particularismo, no es menos cierto que si no existieran las segundas se perdería entre otras cosas el sano espíritu de cuerpo tan necesario para las instituciones militares
Sin embargo, lo que especialmente justifica la existencia de las Academias de las Armas, no es que haya diferencias entre tácticas y procedimientos de actuación, que las hay e importantes; ni siquiera el fomentar el necesario espíritu de cuerpo; ni aún la creación de una mentalidad específica de cada arma que facilite el cumplimiento de su misión. Lo que verdaderamente justifica la existencia de las Academias de las Armas, es el mantenimiento de una tradición secular, tradición de la que se alimentan todos los valores morales  que son propios de los ejércitos.
image-galleryPero si siempre esto ha sido así, hoy cuando el plan de estudios de la AGM contempla combinar la formación militar con la de una ingeniería, (cuya finalidad última ha sido perfectamente señalada por el General Chicharro en su documentado artículo sobre la enseñanza militar), completar esa formación en las Academias de las Armas, es sin necesidad de entrar en detalles, más necesaria que nunca. No hacerlo, es dar facilidades para que la nefasta finalidad señalada por el citado General se cumpla.
Por otra parte, desperdiciar, no aprovechar unas tradiciones militares tan ricas como las nuestras, es algo que no debemos, que no podemos permitirnos; y menos en estos tiempos, cuando los valores morales se ven difuminados en las sociedades modernas.1243244065_0
Por último, las Academias Especiales desde la fundación de la AGM, han coexistido con ella, luego difícilmente puede aducirse que van contra los fines fundacionales de la misma. No están contra la cohesión, sino que la refuerzan, pues la cohesión del todo está formado por la cohesión de las partes. No van contra el espíritu de la General, sino que lo complementan, pues no hay ningún artículo del Decálogo del Cadete, expresión del espíritu de la General, que no sea asumido y reforzado en su caso  en las Academias Especiales. Y no veo al fin, como su existencia puede afectar de alguna forma a la acción de conjunto.
Juan Miguel Mateo Castañeyra. GD (r.) Exdirector de la Academia de Infantería