Esta herramienta permitirá localizar, registrar y almacenar en tiempo real cualquier conversación mantenida a través del teléfono, correo electrónico, redes sociales y otras plataformas.
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Martes, 1. Diciembre 2015 - 22:05
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El Ministerio del Interior dotará a la Policía Nacional y a la Guardia Civil de un nuevo sistema de interceptación de comunicaciones que se convertirá en un "arma" clave para hacer frente al terrorismo islamista. El Evident X-Stream, valorado en 12 millones de euros, estará operativo a partir del año 2017.
Esta herramienta permitirá, según publica El Confidencial Digital, localizar, registrar y almacenar en tiempo real cualquier conversación mantenida a través del teléfono, correo electrónico, redes sociales y otras plataformas.
El sistema que actualmente emplea Interior es el Evident Prosis, una versión anterior y que ofrece un número menor de prestaciones. Pero ante la amenaza de posibles ataques islamistas en España, el Ministerio se ha visto obligado a rezorzar y actualizar sus herramientas. Con el nuevo software, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad podrán “decodificar” llamadas telefónicas, SMS, conversaciones de chat, páginas web visitadas, foros de internet, conversaciones a través de voz IP, archivos descargados de la red, fax, etc. en tiempo real. Sin embargo, algunas plataformas como Skype o webs con el protocolo ‘HTTPs’ cuentan con sus comunicaciones cifradas y es necesario el uso de otras herramientas.
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Entre las funciones más llamativas que ofrece este sistema destaca la posibilidad de que el agente de inteligencia encargado de un seguimiento reciba una alerta en tiempo real de la entrada de una llamada, pudiendo escucharla en ese mismo momento -así como un correo electrónico o cualquier otra comunicación-. Además se podrá localizar geográficamente un teléfono y guardar el historial de lugares donde ha estado. Por último dispone de una opción que genera informes automáticos de los datos de un sujeto, por lo que se puede hacer un seguimiento de un delincuente de forma automática
Un capitán del Instituto Armado redacta un escrito indignado por las acusaciones vertidas por Juan Antonio Delgado en una entrevista. "¿Pasó por el País Vasco en los años 80? Ahora su formación pacta con Bildu. Se lo recuerdo".
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Miércoles, 2. Diciembre 2015 - 11:03
El número dos de Podemos por Cádiz, Juan Antonio Delgado|EFE
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“Voy al Congreso a tapar los agujeros que dejó Tejero”. Así comienza una entrevista que Juan Antonio Delgado, guardia civil y número dos de Podemos por Cádiz al Congreso, concedió al Diario El Mundo.
Delgado, tras 23 años en la Benemérita, 18 de los cuales ha estado al frente de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), está convencido de que llega a la política para democratizar y modernizar al Instituto Armado porque cuando ingresó “no sabía lo que había dentro”.
Tanto es así, que cuenta en su historial con 18 expedientes disciplinarios aunque él asegura que su expediente es “inmaculado” y que sus sanciones reflejan “su lucha y su trabajo”. Sin embargo, al que algunos compañeros han apodado como ‘El Obama del cuartel’ no dudó en subrayar, entre otras polémicas declaraciones, que “aquellos que tienen el pecho lleno de medallas nunca se han subido a un coche patrulla”.
Aquí puede leer la respuesta de un Capitán de la Guardia Civil en activo a Juan Antonio Delgado.
Carta a Juan Antonio Delgado, número dos de Podemos por Cádiz y Guardia Civil
Sr Delgado,
Soy Guardia Civil por vocación desde los 17 años y actualmente tengo 51. Llevo a mis espaldas 13 destinos de toda índole, y sí, soy mando,- de esa especie que usted tanto critica-, de promoción interna, por lo que he pasado por casi todos los empleos y he conocido compañeros, tanto de mayor graduación como de menos graduación, hecho que a usted no le ha pasado. Por eso habla así.
Le diré que el ser humano, nace con una naturaleza y el mando que es malo, no lo es por su graduación, sino por qué ha nacido así. Puede ser un General o un Guardia Civil que acaba de salir de la academia.
En vez de hablar tanto y afiliarse a sindicatos, -en los que solo una minoría del cuerpo cree, y si no solo hay que ver las situaciones laborales de los trabajadores-, le pido que reflexione un poco antes de poner esas palabras en su boca. Usted tenía la oportunidad, al igual que hice yo, de ascender, por promoción interna, y de haber intentado cambiar las cosas desde dentro. Pero claro, para opositar hace falta muchísimo espíritu de sacrificio, por lo que es más fácil afiliarse a alguna organización, para hablar gratis.
Le gusta darse muchos golpes en el pecho y dice que va a defender los derechos de los que trabajan pasando frío. Por eso le pregunto: ¿Una vez que sea Diputado, cobrará el mismo sueldo que tiene como Guardia Civil y renunciará, por tanto, a los privilegios de estar en la Cámara?
Por otra parte, sus críticas a los que tienen medallas en el pecho siempre tienen un límite. Es cierto que hay de todo pero no que generalice. ¿Cuántos comandos ha detenido usted? ¿Cuantos atentados terroristas ha tenido y qué heridas que posee?, ¿Pasó por el País Vasco en los años 80? Ahora su formación pacta con Bildu. Se lo recuerdo.
Aparte de patrullar en sus ratos libres cuando no tenía reuniones sindicales, ¿Que méritos ha hecho para criticar a los que tienen el pecho lleno de medallas que realmente se las han ganado a pulso en vez de generalizar? Porque por esa regla de tres, los ciudadanos también deberíamos pensar que todos los que se meten en política son unos sinvergüenzas.
Una cosa le voy a decir. Y en esto estamos de acuerdo todos los compañeros de mi unidad. No solamente le critican los que están en los despachos, que gracias ellos, viste uniforme, patrulla en vehículos, tiene armamento y cobra a final de mes entre, otras cosas. Sino también los que prestan servicio en la calle, lo ven como un ‘trepa’ que solo busca su bienestar, sobre todo, en términos económicos.
Por tanto, Sr Delgado, usted a mí no me representa, ni a mí ni a muchos compañeros. Por favor deje de poner en su boca el nombre de esta institución para hacer carrera política.
El teniente general en reserva Emilio Recuenco Caraballo aconseja a José Julio Rodríguez que "si le queda algo de dignidad, debería pensar en la posibilidad de poner entre sus dientes la bocacha de un Cetme”
Gaceta.es
Miércoles, 2. Diciembre 2015 - 8:37
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La indignación de muchos miembros de la Fuerzas Armadas con el exJEMAD José Julio Rodríguez por fichar en un partido como Podemos y renunciar a su pasado como máximo represente del Ejército ha sido considerada como una “traición”.
Su entrada en un grupo político calificado por la gran mayoría de los militares como “ruin, traidor y contrario” a lo que ha defendido hasta ahora no se ha entendido y desde que se hizo pública su unión con Pablo Iglesias muchos de su ex compañeros han mostrado su malestar y se le han hecho saber al propio exJEMAD con duros escritos en los que no sale nada bien parado.
Como adelanta elconfidencialdigital.com, uno de los militares más contrariados con Rodríguez es el teniente general del Ejército del Aire Emilio Recuenco Caraballo, ya en la reserva, que le ha mandado una carta contundente en la que llega a decirle que “si le queda algo de dignidad, debería pensar en la posibilidad de poner entre sus dientes la bocacha de un Cetme”.
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Por su interés, reproducimos algunos párrafos de la carta: - “Mi Ex-general, como ninguno de ellos (miembros de las Fuerzas Armadas), por su ilimitado sentido del deber, respeto al mando y lealtad extrema le van a decir lo que piensan, se va a librar usted de humillación y escarnio público que se merece”.
-“Decide usted, mi Ex-general, entrar en política y lo hace con aquellos que no han podido ser más ruines, traidores y contrarios a lo que usted dice haber defendido”. -“Defiende causa con los que asesinan a sus compatriotas y acude a las elecciones amparando a Bildu en Navarra, con los que a toda costa esperan acabar con la Corona e instaurar una república marxista, con los que consideran nuestra enseña nacional un trapillo y los acordes de nuestra Marcha Real una musiquilla folclórica, con aquellos que consideran que la ruptura de España es algo discutible y negociable”. -“Mi Ex-general, estaba usted en la reserva que no en el retiro. Si no estoy equivocado usted seguía siendo militar y por ello tenía el deber, aunque posiblemente no legal, si moral, de mantener una escrupulosa neutralidad política por su respeto a las leyes y defensa de la integridad de la Patria y la seguridad de todos los españoles”.
-“ Sr. Rodríguez Fernández, así supongo le llamaran sus correligionarios, espero que se arranque con deshonor la divisa de la bocamanga a la que ha ofendido profundamente. Le deseo que en esta vida o en el más allá le pasen generosa factura a sus traiciones. Llegado este momento, posiblemente si le queda algo de dignidad, debería pensar en la posibilidad de poner entre sus dientes la bocacha de un Cetme”.
Hace hoy 500 años, el general cordobés murió en Loja (Granada), triste y abandonado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey
El Gran Capitan contemplando el cadaver del duque de Nemours - Museo del Prado
A los 62 años, el Gran Capitán falleció en Loja (Granada), aislado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey. Semanas después de su muerte llegaron decenas de cartas de condolencia a su familia, entre ellas la del Rey Fernando, que invocaba su vieja amistad y trataba de disimular con palabras gruesas el hecho de que había incumplido todas sus promesas de recompensa, una detrás de otra; y la del joven Carlos de Gante, quién había oído desde niño la historia de su odisea italiana. Paradójicamente, Fernando El Católico moriría solo un mes después que aquel hombre al que tantas desconfianzas había destinado.
La falta de fuentes documentales del periodo hace que la mayor parte de lo que se conoce sobre Gonzalo Fernández de Córdoba proceda del clásico mito del vasallo maltratado, incluida la historia de las famosas cuentas del Gran Capitán. Así, las victorias del Gran Capitán en Ceriñola y Garellano, lejos de despertar una gratitud incondicional por parte de Fernando El Católico, vinieron acompañado de una revisión de las cuentas de sus gastos bélicos. A medio camino entre la realidad y la leyenda, la muerte de Isabel La Católica en 1504, que siempre había salido al paso de las acusaciones de corrupción lanzadas contra el cordobés, dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey de Nápoles.
Investigado por corrupción
En el otoño de 1506, Fernando reclamó a Gonzalo claridad en sus cuentas nada más desembarcar en el reino italiano. «Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del Rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados», contestó supuestamente el Gran Capitán ofendido por la ingratitud del Rey.
Desde entonces, la expresión «las cuentas del Gran Capitán» y la respuesta dada por el general se utilizan para ridiculizar una relación poco pormenorizada o para negar una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho. La respuesta altiva achacada al Gran Capitán, en cualquier caso, nunca se ha podido demostrar y corresponde a la típica del soldado español de la época: fiel pero orgulloso, desapegado de lo material, valiente hasta la temeridad, violento y desafiante.
La muerte de Isabel La Católica dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey
Lo que sí parece probable es que el Gran Capitán entregó, sin malas palabras o altivez, unas cuentas que no fueron del agrado del Monarca. Como señala el libro recientemente reeditado por EDAF «El Gran Capitán» (escrito por José María Sánchez de Toca y Fernando Martínez Laínez), los interventores de la Hacienda real consideraron excesivo el dinero gastado en la Guerra de Nápoles de 1501 a 1503. En consecuencia, los episodios de tensión entre el virrey y Fernando de Aragón no dejaron de sucederse durante su estancia en Nápoles. Retrato de Fernando El Católico- ABCUna de las historias más extendidas es que, estando la flota española anclada en la bahía de Nápoles, los 1.500 vizcaínos al servicio del capitán general Juan de Lezcano escucharon el falso rumor de que Gonzalo Fernández de Córdoba, con el que habían servido durante años, había sido confinado en Castel Nuovo. Los marineros desembarcaron y se dirigieron a liberar al cordobés con insultos contra el Rey que había hecho preso «al mejor hombre del mundo». Tuvo que acudir en última instancia el propio virrey a demostrar que no lo habían apresado para que aquella horda vasca empezara a sosegarse.
A principios de 1507, Fernando prefirió alejar al Gran Capitán de Nápoles para sustituirlo por el Conde de Ribagorza, que poco después fue remplazado por el catalán Ramón de Cardona, quien protagonizaría varios reveses contra los ejércitos galos en los siguientes años. No en vano, en ese momento las relaciones entre Francia y la Corona hispánica se encontraban en el campo de la cordialidad. En junio de 1507, el Rey francés organizó un banquete al que invitó a Fernando El Católico, a Germana de Foix y a Fernández de Córdoba, donde se sinceró como un admirador del hombre que había vencido a sus ejércitos. «Mande Vuestra Señoría al Gran Capitán que se siente aquí; que quien a reyes vence con reyes merece sentarse y él es tan honrado como cualquier Rey», afirmó Luis XII según la leyenda. Aquella actitud despertó el recelo del desconfiado Rey aragonés, que vio su papel de protagonista desplazado por uno de sus vasallos.
Un pequeño cargo a cambio de Nápoles
Ambos regresaron en la misma comitiva a España, en el caso del general después de una década fuera de la península. En la Corte, el cordobés buscó sin éxito ser nombrado Maestre de la Orden de Santiago y volver a ponerse al frente de los ejércitos del Rey. El aragonés creía que el Gran Capitán ya había sido convenientemente recompensado y puso en la nevera política al militar. En vista de que el Monarca no tenía intención de entregarle el maestrazgo de la principal orden militar de España como le había prometido, el cordobés acudió a Juana La Loca, auténtica soberana de Castilla, que, a pesar de su incipiente locura, le nombró alcalde de la ciudad de Loja. Se trataba de un cargo menor, pero venía acompañado del derecho sobre las rentas del comercio de seda en Granada.
Antes de tomar posesión del cargo, el Gran Capitán debió lidiar con el amago de rebelión que el Marqués de Priego, hijo del hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, comenzó contra la autoridad del Rey. La situación fue especialmente delicada al tratarse de un familiar sospechoso de guardar rencor al Monarca. El marqués, alcalde mayor de Córdoba, detuvo al enviado del Rey encargado de investigar precisamente si estaba hablando mal en público de Fernando. Además, asaltó la cárcel de la Inquisición, cuya actuación desproporcionada en la ciudad fue la causa de fondo en la revuelta. Fernando El Católico contestó con todo el peso de la Corona. Al frente de un ejército de 3.000 soldados y mil lanzas restableció la autoridad y, a modo de escarmiento, dejó en ruinas el Castillo de Montilla, donde el Gran Capitán había pasado su infancia.
El Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla
Gonzalo Fernández de Córdoba prefirió mantenerse al margen en todo momento. Incluso medió para que su sobrino no complicara todavía más las cosas. Finalmente, el arrepentimiento del Marqués de Priego, así como la influencia de su tío, logró salvarle la vida, pero no le evitó recibir una multa millonaria y ser condenado al destierro de Córdoba. Mientras tanto, el 15 de julio de 1508, el Gran Capitán tomó posesión del cargo de gobernador de Loja, donde permaneció a la espera de que el Rey quisiera volver a contar con sus servicios. Más allá de la leyenda, sí es cierto que Fernando El Católico se encargó de recordarle con desplantes que, si en Italia era un héroe militar, en España solo era uno más de los nobles que revoloteaban en torno a la Corte en busca de mercedes y recompensas.
En 1509, el Rey designó a Pedro Navarro –el capitán, corsario e ingeniero que había acompañado al Gran Capitán en sus campañas– para encabezar una expedición militar en Orán. Pese a que incluso el Cardenal Cisneros, instigador del plan, apoyaba la elección del cordobés, el Monarca prefirió a un hombre sin experiencia a la hora de manejar ejércitos de aquellas dimensiones. Era el enésimo desprecio. El Gran Capitán observa el cadáver del Duque de Nemours tras la batalla de Ceriñola- Museo del PradoA nivel familiar, el Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla, Bernardino Fernández de Velasco. El viejo aragonés temía que los matrimonios entre nobles con tanta influencia irían en perjuicio del poder real y trabajó para evitarlo. El matrimonio al final no pudo celebrarse, y Gonzalo falleció sin ver a su hija casada con el Conde de Cabra, cuyo enlace aseguró la continuidad de la estirpe. Su otra hija, Beatriz, falleció soltera en 1511. Quizás para compensar tantos desplantes, Fernando El Católico estuvo a punto de enviarle de nuevo al año siguiente a Italia, al conocerse la derrota de los ejércitos de Ramón de Cardona a manos francesas en la batalla de Rávena.
Tras el desastre, el Papa y Venecia, que, junto a España, conformaban una alianza antifrancesa, exigieron al aragonés que mandase al Gran Capitán. No obstante, cuando las levas ya estaban listas y el general cordobés había enviado misivas a sus viejos amigos en Italia advirtiendo su llegada, Ramón de Cardona recondujo la situación al vencer a los franceses en Novara, lo que le permitió reponer en Florencia a los Médici.
«Viviré en estos agujeros donde salí»
Mientras el Gran Capitán congregaba sus tropas en Málaga, Fernando El Católico desvió por sorpresa los recursos prometidos al cordobés para dárselos al II Duque de Alba, que el 12 de julio de 1512 atravesó la frontera y ocupó Pamplona en un movimiento casi felino. A la vista de que no iba a ser necesario enviar refuerzos a Italia, el aragonés prefirió emplear los preparativos del Gran Capitán –que desconocía los planes del Rey– como mera distracción, mientras otro ejército aprovechaba para conquistar parte de Navarra. Fernández de Córdoba licenció poco después las tropas, cuyos gastos habían corrido de su cuenta, y se marchó a Loja visiblemente dolido. «Viviré en estos agujeros donde salí, contento con lo que su alteza face...», escribió con amargura.
En el verano de 1515, la salud del Gran Capitán entró en crisis. Las fiebres cuartanas, que contrajo en la ribera del Garellano poco antes de la batalla de mismo nombre, fueron consumiendo su salud poco a poco. Su estado anímico tampoco ayudaba en su recuperación. Ya no pudo volver a montar a caballo y apenas podía caminar sin ayuda. El 2 de diciembre, el cordobés falleció en su casa de Loja rodeado de su círculo familiar y de sus deudos. El viejo Rey murió un mes después
El grupo de recreación histórica «Imperial Service» construye, desde hace tres semanas, la iglesia de Empel en la base militar de «El Goloso» para conmemorar aquel episodio.
El 7 de diciembre de 1585, en plena época dorada del soldado español en Europa (y parte de las Américas), el Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla se hallaba atrapado en la isla holandesa de Bommel. Eran apenas 4.000 combatientes que, aunque hispanos, poco podían hacer ante la imponente fuerza enemiga que les rodeaba. Hambrientos, vestidos con harapos y tras días de defensa, sabían que era imposible que salieran victoriosos. Solo esperaban a que se produjera el asalto final de los protestantes para vender caras sus vidas. En esas andaba la situación cuando un militar, para asombro de todos, encontró la imagen de una virgen cerca de la iglesia del pueblo de Empel, en el que residían en espera de su destino final. Este signo fue considerado como un milagro. Una señal que les enviaba Dios para que lucharan con ánimo y bravura.
Lo cierto es que algo de divino tuvo la aparición de aquella tablilla pues, al día siguiente, uno de los ríos colindantes se heló por primera vez en siglos. Un «milagro» que obligó a la flota protestante a salir a toda vela de la zona y permitió al Tercio de Bobadilla cargar contra el enemigo. Los combatientes hispanos tuvieron suerte, pues sus enemigos no se esperaban aquello y fueron arrollados bajo decenas de picas, espadas roperas y arcabuces. A pesar de que la situación explicada puede parecer el argumento de una película de ciencia ficción, aquel suceso no solo ocurrió de veras, sino que quedó guardado para siempre en las páginas de la Historia española. De hecho, tan reseñable fue, que la Inmaculada Concepción (cuya imagen fue encontrada en aquella trinchera), fue declarada la patrona de la infantería española desde ese instante y se bautizó el episodio como el «Milagro de Empel».
En la actualidad, 430 años después de que los soldados de los Tercios salvaran sus vidas por gracia de Dios, el Ejército de Tierra español -de la mano de José Conde de Arjona (jefe de la Brigada del Sector Este de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano y jefe de la Brigada Acorazada Guadarrama XII)- y la asociación de recreación histórica «Imperial Service» han unido fuerzas para edificar en la base militar de «El Goloso» la iglesia en la que los soldados encontraron la imagen de la Virgen. «La estética final que buscamos no es otra que la que debió tener en ese momento la iglesia. No solo con las ruinas, sino con las trincheras españolas que la circunvalaban», explica José Miguel Alberte, presidente de este grupo, en declaraciones a ABC.
Un Tercio en Bommel
Pero… ¿Qué hacía en 1585 un Tercio español por Bommel? Para responder a esta cuestión hay que retrotraerse hasta el momento en el que Carlos I de España (V para los germanos) dio en herencia a su hijo Felipe II los territorios que, con sangre, sudor, y la muerte de miles de hombres, había atesorado durante años. Entre ellos se incluían los estados que hoy ocupan una buena parte de los Países Bajos. El cambio, según se pensó desde nuestro país, no tendría por qué provocar calentamientos de cabellera. Pero los flamencos no estuvieron de acuerdo. Y es que, considerando que iban a ser gobernados por un monarca extranjero que no sabía de su región más allá de dónde se situaba en un mapa –y aprovechando el auge del protestantismo- comenzaron su propia guerra de independencia contra la familia hispana. El rey (que, aunque nuevo en el trono, no tenía un pelo de botarate) respondió como mejor sabía: llamando a las armas a sus soldados. Plano de la isla de Bommel- ABCFelipe, hasta el cetro de protestantes, envió para detener aquella sublevación a Alejandro Farnesio quien –mes arriba, mes abajo- no necesitó mucho tiempo para demostrar que, ya fuera en España o en los Países Bajos, andaba sobrado de narices. Así lo dejó claro, por ejemplo, tras vencer en batallas como la de Glembloux. No obstante, parece que ir bien armado de gónadas no le valió para someter rápidamente a los rebeldes quienes, allá por el segundo tercio del siglo XVI, todavía daban más de un dolor de mollera a los españoles en multitud de regiones. Precisamente una de ellas era Brabante, zona que andaba necesitada de ayuda para sofocar las revueltas y a la que el oficial envió a su subordinado, Carlos de Mansfeld, para poner orden espada mediante. Este, por su parte, partió decidido a repartir bofetadas en nombre de su Católica Majestad junto a tres Tercios.
Entre ellos estaba el de Bobadilla. Un Tercio, por cierto, que contaba con un curioso apodo. «Al Tercio de Francisco de Bobadilla lo llamaban el de los Colmeneros, por ser gente poco curtida que no se atrevía a forrajear, por lo que se conformaban con comer miel de las colmenas y beber agua empantanada», explica el historiador José Rodríguez Hernández en su obra «Breve historia de los Tercios de Flandes». Dejando los sobrenombres a un lado, en el camino a Brabante los hispanos se dieron de bruces con la isla de Bommel, ubicada en el sur de los Países Bajos entre dos ríos (el Mosa, de 1.000 kilómetros, y el Wall) y solo a flote gracias a los diques que soportaban las aguas de estas corrientes. Mansfelt, en vista de que la zona estaba desierta, ordenó a Bobadilla que se posicionara junto a sus hombres y defendiese el lugar. A las pocas horas, más de 4.000 soldados protegían la región y decían adiós a sus aliados, que se marchaban a buen paso a tomar la siguiente ciudad.
Llega el enemigo
La primera parte de las órdenes fue cumplida de forma impecable, pero lo que no sabía Bobadilla es que iba a tener que sudar sangre para obedecer la orden. Más cuando los rebeldes –al mando del Conde de Holac- se dispusieron a pasar por el cuchillo, la piedra, y lo que se terciase, a los hombres de Bobadilla. No es que Bommel fuese de una importancia estratégica vital, pero cortar el cuello a cuatro millares de militares españoles era un acto de propaganda que no tenía precio. «Pareció efta buena ocaffion a Holak, para vegarfe con una memorable rota de la mejor parte del exercito Catholico, Y apreftada una armada de cafi cien vafos, los más de quillas chatas, defde Dordrech por el Moffa fe arrima a Bommel», explica el historiador italiano del S.XVI Famiano Estrada en su obra «Segunda Decada de las Guerras de Flandes: Desde el principio del Govierno de Alexandro Farnese, Tercero Duque de Parma y Placencia». Imperial Service, junto al cuadro del Milagro de Empel de Ferrer Dalmau- M.P.V.A finales de noviembre, la armada de Holac se posicionó cerca de la isla de Bommel con miles de combatientes. Una vez en tierra, estos tomaron dos de los tres diques que impedían que la isla se inundase. Sin piedad, los hombres de Holac abrieron ambos con la intención de ahogar a los hombres de Bobadilla, quien apenas tuvo tiempo para ordenar a sus hombres recoger todos los bártulos y, antes de que les llegase el agua al morrión, huyeran por piernas a la parte más alta de Bommel. Justo la zona en la que se ubicaba un pequeño pueblo llamado Empel y que se convertiría en su última defensa. Para colmo de males, los rebeldes cañonearon a los españoles durante varias noches, segando algunas vidas y acabando, de un tajo seco, con su moral. Con el paso de los días, rodeados, hambrientos y sucios, los de Bobadilla abandonaron toda esperanza de sobrevivir y se dispusieron a esperar el asalto enemigo sabiendo que este tenía, además de un mayor número de combatientes al otro lado del río, una flota que macharía cualquier intento de atacar sus posiciones. Pintaban bastos, vaya.
A pesar de lo mala situación, Bobadilla se aprestó a la defensa. «Bobadilla, hombre de ardiente corazón, inflava [los ánimos de los hombres], y no folamente aquellos que eftavan con el en Emple -mas de tres mil efpañoles- fino también a los que havian ocupado los diques […] les animava por medio de menfageros. [Decididos] puef a la defenfa, fortifican las cafas y los templos, y arman con parapetos los márgenes de los diques: fi algunas barcas del enemigo affomavan de cerca, las ahuyentavan con artillería, y ninguna mueftra daban de temor», añade el autor italiano en su escrito. Además de todo ello, el Maestre también ordenó a sus soldados cavar trincheras alrededor de algunos puntos clave para la defensa del lugar. Desde viviendas robustas, hasta una pequeña iglesia medio derruida del pueblo de Empel. La hora de su muerte estaba cercana, pero no se irían al otro mundo sin cortar alguna que otra cabeza.
Un milagro obrado por la Virgen
Fue entonces, en pleno 7 de Diciembre, cuando un soldado que cavaba una posición defensiva se encontró con algo increíble. «El encuentro con la virgen fue absolutamente fortuito y se produjo, históricamente, dentro de los muros de la iglesia. Cuando todos los españoles estaban intentando buscar protección en torno a esas piedras apareció una tabla que, al darle la vuelta, mostró una virgen ricamente pintada», explica, en declaraciones a ABC, José Miguel Alberte, presidente de «Imperial Service». La tablilla, como señala a su vez el historiador italiano (contemporáneo del suceso) era «de la Madre de Dios de la Concepción» y contaba con unos tonos tan vivos como si nunca hubiera estado bajo tierra.
Aquel signo fue tomado como una señal enviada por el mismísimo Dios. Un signo de que debían seguir combatiendo, pues él obraría con ayuda de la virgen un milagro para que salieran victoriosos. El suceso, además, fue utilizado por Bobadilla, sabedor de que sus hombres necesitaban una inyección de moral. «La importancia del hallazgo de la virgen es muy difícil de valorar teniendo en cuenta la situación en la que estaban las tropas españolas. La realidad es que, cuando el soldado español la encontró, y debido a la religiosidad que había en el siglo XVI español, la tomó en sus manos y fue corriendo a su maestre de campo para enseñársela. Bobadilla, como comandante del Tercio español, sabía que tenía casi a 5.000 hombres desesperados, muertos de frío, muertos de hambre y que sabían que, muy probablemente, iba a ser su último día en la Tierra. De manera que tomó la virgen como un elemento para canalizar el ánimo de sus tropas», añade Alberte. Detalle de los soldados de los Tercios- ABCFuera por la causa que fuese, Bobadilla trató aquella tablilla como si se tratase de la misma Madre del Señor en carne y hueso. «Como fi hubiera defcubierto un theforo, acudieron de las tiendas cercanas [los soldados a adorarla]. Maravillandofe de la novedad de la obra, y del colorido tan frefco, como fi entonces acavara de correr por la tabla el pincel. […]. Llevanla pues como en proceffion al templo, y colocanla entre las banderas de las legiones, la adoran pecho por tierra todos; y ruegan a la Madre de los Exercitos, que pues es la que folo podía hacerlo, quiera librar a fus foldados de aquellas affechanzas de elementos y enemigos», destaca el experto. Durante la noche del día 7, fueron muchos los combatientes españoles que le dedicaron una oración a aquella imagen, sabedores de que, si no era por ella, poco tiempo más podrían sobrevivir en aquella isla perdida de la mano de Su Majestad Católica.
El sacerdote del Tercio tampoco despreció la imagen. De hecho, solicitó a todos los combatientes que le rindiesen honores para que les ayudase en aquel momento tan aciago. «El Padre Fray García de Santisteban hizo luego que todos los soldados le dijesen un Salve, y lo continuaban muy de ordinario. […) Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien (que por intercesión de la Virgen María) esperaban en su bendito día […]. Quedaron tan consolados lo sitiados españoles después de haber dicho la Salve […] que no sentían tanto el hambre» completa el soldado y cronista de los Tercios Alonso Vázquez (contemporáneo del milagro) en su obra «Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese».
El sacerdote del Tercio hizo que todos los soldados le «dirigiesen un salve» a la virgen
La virgen debió escuchar en aquella iglesia las oraciones de los hombres de Bobabilla pues, el día 8 de diciembre, acaeció algo que llevaba sin suceder siglos en aquella región: un viento gélido del nordeste se levantó y, además de hacer crujir los huesos de los combatientes, heló las aguas del río Mosa. Algo que obligó a los buques rebeldes a largarse de allí viento en popa para no quedar encallados mientras decían, entre gruñidos, que sin duda Dios era español. El 9 de ese mismo mes, Bobadilla llamó a sus soldados para dar el golpe definitivo –ya sin buques que los protegiesen- al campamento contrario. Sin embargo, la contienda no se llegó a celebrar, pues estos huyeron despavoridos. Se había ganado una batalla imposible y todo, presuntamente, gracias a un milagro. Por eso, desde ese día se decidió que la Inmaculada Concepción fuese la patrona de la infantería.
Tras el 9 de diciembre, y después del regreso del Tercio de Bobadilla a su hogar, aquella imagen de madera fue adorada por cientos de cristianos. «Y recivido en Flandes, y defpues paflado a Efpaña el exmplo, fue venerada la Madre de Dios en los prefidios por eftas coffradias militares derivadas de la primera de Bommel […]. Y de verdad el cafo mereció, que no oyeffe la pofteridad fin demoftraciones de piadofo agradecimiento para con la Virgen Soberana. Porque quando mas el hambre confumia a los cercados, quando el rigor del invierno les apagava el calor vital, quando las avenidas los anegavan; y finaslmente quando en una univerfal defefperacion de cofas, fola la efperanza en la Madre de Dios no defamparava a los miferos», completa el autor italiano.
Cinco preguntas a José Miguel Alberte
¿Cuál es el objetivo de edificar esta iglesia?
El proyecto de la iglesia de Empel nació como parte de una actividad previa realizada hace un año para la Brigada Acorazada de la mano del general Conde. Este evento pretendía rememorar año tras año el milagro de Empel tanto para las tropas de la Brigada Acorazada, como para sus familias. El primer acercamiento fue reconstruir lo que ocurrió en aquel islote de Bommel en la noche del 7 al 8 de diciembre. Un suceso que luego da génesis a todas las tradiciones del Ejército Español.
El proyecto es que la iglesia sea un elemento totalmente visitable para el público en general y, en segundo lugar, que finalmente podamos realizar la actividad de reconstrucción histórica para que podamos explicarle, tanto a los miembros del Ejército como a sus familiares, la historia del milagro. ¿La iglesia se basa en planos orginales?
La iglesia es un elemento fundamental del Milagro de Empel porque le da una ubicación física al propio hecho, pero estaba derruida. No se sabe exactamente que antigüedad tenía. Ni siquiera se conoce el estilo arquitectónico que tenía porque solo quedaban los sillares de piedra inferiores. La parte superior había desaparecido desde hacía muchos siglos. ¿Qué trabajo os queda por hacer?
El trabajo que nos queda por realizar, que es mucho, va a ir en primer lugar encauzado a terminar la nave principal de la iglesia, con las construcciones que existían. Pero, en base a las fuentes históricas, también vamos a crear esas trincheras donde las tropas españoles se protegían y donde, finalmente y mientras cavaban, encontraron la imagen de la Inmaculada.
Estas semanas van a ser de locura. Es imposible calcular las horas de trabajo que nos quedan, pero seguramente no bajarán de las 200 o 300. Además, en los últimos momentos tendremos que hacer un esfuerzo redoblado para proveer a la escenografia de todos los elementos que tenían las tropas españolas a su disposición en el entorno de Empel. De manera que, seguramente, duplicaremos las horas de trabajo.
Los elementos que vamos a incluir ya no son solo las propias trincheras, sino cestones, caballos de Frisia, una pieza de artillería, lonas simulando las carpas que protegían de las nevadas intensas a las tropas españolas. También incluiremos todos los elementos que las unidades españolas llevaban con ellos: carros de vituallas, pucheros, banderas, tambores y un largo etc. ¿Qué significa para «Imperial Service» colaborar en este proyecto?
Para «Imperial Service», el que nos den la oportunidad de crear esta escenografía es muy importante. Es muy importante porque la génesis o la esencia misma del grupo no es otra que la de la divulgación histórica de la historia de nuestra Fuerzas Armadas. Desde nuestro punto de vista, creemos que la manera de que el pueblo español conozca y aprecie nuestras fuerzas Armadas es la de enseñar parte de sus hechos de armas y de su historia. Por ello, para nosotros es totalmente fundamental y emocionante.
Aseguró el Estrecho de Mesina, guerreó contra los otomanos en el Adriático y plantó el embrión de los futuros Tercios.
28 de noviembre de 2015. 23:41h José E. Ruiz-Domènec.
El Gran Capitán (en la imagen, en una lámina de la BNE) revela los valores humanistas del Renacimiento
Hoy, a las puertas de conmemorar el quinto aniversario de la muerte en Granada, el 2 de diciembre de 1515, de Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como El Gran Capitán, es un buen momento para revelar al público cómo era en verdad, para tener acceso de una vez por todas a la personalidad de un español universal. Un hombre que se convirtió en espejo de virtudes castrenses y políticas para generaciones de europeos educados en el humanismo y en lo que Baltasar Castiglione consideró los valores del «cortegiano». Un compatriota que convirtió la responsabilidad en su razón de ser y el arte de la prudencia en su divisa; que vivió en tiempos de los Reyes Católicos, a los que sirvió con esmero y en cuyo reinado cooperó con su magnífica gobernanza. El Gran Capitán alcanzó así la inmortalidad.
Me ha sido muy gratificante seguir los detalles de su vida en un libro desde sus primeros pasos en Montilla, donde nació en el seno de un familia de la aristocracia andaluza de la frontera hasta su ejemplar carrera de armas en Italia y su injusto final. Su perfil de hombre del Renacimiento educado en los ideales de la caballería, atractivo, de porte elegante y donosos modales; discípulo aventajado de su primo Fernando el Católico, quien le enseñó la importancia de escribir cartas y el sentido de la diplomacia internacional, buen militar en la guerra de Granada comenzada en 1482, entusiasta de los pasos de armas, galanteador de damas, comenzando por su segunda esposa, María Manrique; asiduo a las reuniones de palacio y fiel a la amistad, como probó en sus relaciones con el rey nazarí Boabdil, antes y después de abandonar la Alhambra.
Pero es imposible comprender su figura sin acceder al escenario de sus triunfos, al Reino de Nápoles a finales del siglo XV, inmerso en una profunda crisis tras la invasión del Ejército francés al frente de su propio rey, Carlos VIII, al que los cronistas comparaban con Alejandro Magno. Su llegaba a la ciudad de Mesina, en Sicilia, le transformó en algo más que un comandante militar al que se le había dado la misión de defender el «Faro», como se denominaba al Estrecho de Mesina: le hizo entrar en la gran Historia de su tiempo. Y lo aprovechó.
Cuando Juana, hermana de Fernando el Católico, en su calidad de reina viuda de Nápoles, le describió la situación en el reino tras la invasión francesa, Gonzalo supo de inmediato que lo único que podía hacer era adelantarse a los acontecimientos. No esperar a ver cuál sería el siguiente paso de los franceses, sino ir a buscarlos en su terreno. Matizaba así las órdenes recibidas, que indicaban que su misión era defender el Estrecho; pero no las desobedecía porque en ellas no se decía cómo debía realizar dicha defensa. Se trasladó a Calabria, y allí tuvo un primer bautizo de fuego en forma de derrota (fue la primera y sería la última) cerca de la ciudad de Seminara. Y allí también tuvo la revelación que cambió su vida. Gonzalo supo desde ese momento que el moderno arte de la guerra sería su fuente de inspiración. Organizó el cuerpo expedicionario creando una unidad táctica, la coronelía, de enorme eficacia y movilidad, embrión de los Tercios españoles; planeó con todo detalle las campañas mediante un juicioso equilibrio de las tres armas del ejército, artillería, infantería y caballería; logró triunfos tan inesperados como espectaculares con los que consiguió restablecer en el trono de Nápoles a sus legítimos reyes y para él el título que con orgullo le dieron los soldados de «Gran Capitán». Logró la fama que en esos años era la antesala de la eternidad: convenció al dogo de Venecia y al Papa para obtener el mando del cuerpo expedicionario preparado para enfrentarse a la invasión otomana en el Adriático y venció a los jenízaros en Cefalonia, y finalmente se preparó a conciencia para llevar a cabo las campañas que culminaron en la batalla de Ceriñola y en las jornadas en el río Garellano. Fue nombrado virrey de Nápoles, donde tuvo sentimientos encontrados por su resistencia a cumplir la orden de expulsión de los judíos que Fernando el Católico le requería ejecutar. Su sentido del deber en conflicto con su sentido de la honorabilidad se convirtió en el quid de la cuestión en esos días. Se enfrentó a Fernando en 1507, siendo cesado de su cargo de formas fulminante y enviado a España con pretextos que demostraron la ingenuidad de este hombre ejemplar, incapaz de creer en un engaño de su propio rey. Fue Quevedo quien rescató ese perfil de Gonzalo Fernández de Córdoba al mostrar su caso como un ejemplo de tantos otros españoles incomprendidos cuando en la cima de su popularidad pueden hacer algo para cambiar su país de forma positiva. Alguacil en loja
Regreso a su tierra, a un mediocre empleo como alguacil en Loja, una tierra baldía, su pasado nostálgico. Su análisis de la situación delante de los viajeros que acuden a rendirle homenaje difícilmente podría superarse. El pesar por no estar con sus hombres al avecinarse nuevas campañas, el comentario de los acontecimientos como la batalla de Rávena, donde sus tropas sufrieron una dura derrota al estar pesimamente mandadas, la pérdida de una posición social sin haber conseguido la que le habían prometido, el peso de la enfermedad, la cercanía de la muerte. En estos años finales tenemos la sensación de ver a un Gonzalo con las auténticas vestiduras del hombre al que le ha dado la espalda la fortuna. Porque en cierto sentido su caso se convirtió en la cuestión de España, su marginación es el modelo de todas las marginaciones y de todos los exilios interiores y exteriores. Todos nos preguntamos por este tipo de actuaciones del poder y por sus motivos ocultos,. Pero hoy tenemos razones para entenderlos dedicando tiempo a pensar en la ejemplar vida de Gonzalo Fernández de Córdoba, nuestro Gran Capitán.
El departamento de Morenés compromete este dinero para sufragar estancias de verano a personal del Ejército de Tierra en 2016. Mantiene esta controvertida partida pese a que Interior la suprimió para la Guardia Civil por razones de austeridad y ejemplaridad. Los inmuebles deben estar, salvo en la Costa Noroeste, a menos de 400 metros del mar.
El Ministerio del Interior suprimió en 2012 la asignación que servía para costear apartamentos de verano a personal de la Guardia Civil, esgrimiendo razones de austeridad y ejemplaridad. Sin embargo, Defensa ha declinado retirar esta controvertida partida de su programa de Acción Social, manteniéndola durante toda la legislatura. También para el próximo año el departamento que dirigePedro Morenés ha previsto sufragar apartamentos de verano a militares del Ejército de Tierra. De hecho, ha comprometido medio millón de euros, tal y como consta en el pliego consultado por Vozpópuli, para la contratación de las agencias que reservarán estas estancias.
La Jefatura de Asuntos Económicos del Mando de Personal acaba de iniciar el proceso de adjudicación de este expediente, cuyo importe de partida es de 520.000 euros. El período de ejecución va del 1 de junio al 30 de septiembre de 2016 (ocho quincenas en total) y el número de alojamientos a contratar asciende a 205 apartamentos, con capacidades de dos a siete personas y distribuidos en ocho lotes.
Las empresas candidatas tienen hasta el próximo 11 de diciembre para presentar sus ofertas. Un aspecto que será especialmente valorado es la cercanía a la playa, de modo que todos los inmuebles deben estar, salvo en la Costa Noroeste, a menos de 400 metros del mar. No obstante, Defensa introduce una excepción: se aceptarán los apartamentos que se encuentren a un máximo de 800 metros, "si se trata de un producto de calidades y dotaciones por encima del habitual en la zona". En Asturias y Galicia podrán hallarse a un máximo de mil metros de distancia de la playa.
El contrato incluye ayudas para un total de 205 apartamentos, con capacidades de dos a siete personas
En este procedimiento abierto, que sigue tramitación ordinaria, la asignación se divide en ocho lotes: el primero incluye 20 apartamentos en la zona 1 (Asturias y Coruña) y los otros siete comprenden 185 estancias en el resto de zonas (Castellón, Valencia y Alicante, Murcia, Almería, Granada, Málaga, Cádiz y Huelva). Las localidades elegidas son Bueu, Boiro, Fox, Sanxenxo, Ribadesella, Vinaroz, Peñíscola, Oropesa, Benicàssim, Gandía, Denia, Els Poblets, Calpe, Santa Pola, La Manga, Vera, Garrucha, Almuñécar, Torre del Mar, Torrox Costa, Barbate, Zahara de los Atunes, Caños de Meca, Chiclana, Puerto de Santa María e Isla Canela.
Al no ser la ayuda de Defensa suficiente para cubrir la totalidad del coste de los apartamentos, los beneficiarios de las subvenciones abonarán a la empresa adjudicataria la diferencia con el precio final, de acuerdo con la propuesta económica ganadora en cada lote. Un ejemplo: la quincena (único espacio de tiempo posible) en un apartamento en Vinaroz (Castellón) costará como máximo 755 euros, de los que el ministerio sufragará 325 euros, es decir, un 47% del precio.
Como causas para desestimar las ofertas presentadas, el departamento de Morenés incluye, entre otras, que los alojamientos estén situados a menos de 50 metros de la línea de ferrocarril o que "se estén realizando o se prevean obras" en dicho perímetro. Tampoco pasarán el corte aquellos inmuebles localizados a menos de 200 metros de fábricas que produzcan "humos o malos olores". Un "sorteo" con requisitos disuasorios
La elección de los beneficiarios será por "sorteo" dentro unos listados que suelen confeccionarse dando prioridad a los militares que no hayan disfrutado en los siete últimos años del mismo tipo de alojamiento. Les siguen aquellos que hayan estado el menor número de veces en igual estancia. En caso de igualdad en estos puntos, tendrán preferencia los que hayan pasado más tiempo sin disfrutar de estos alojamientos. Si persiste el empate prevalecerán los de familia más numerosa. Tales requisitos frenan a muchos militares, que ni siquiera intentan acceder a estas plazas.
Este tipo de prebendas fueron denunciadas por el exteniente Luis Gonzalo Segura en su libro Un paso al frente, donde se refiere a tales subvenciones de Defensa para costear apartamentos estivales como "caprichos presupuestarios".