jueves, 7 de julio de 2016

La tragedia del «USS Indianápolis»,

Cinco días de sufrimiento que acabaron con la muerte de más de 800 valientes marineros en julio de 1945. La tragedia del «USS Indianápolis», un crucero pesado estadounidense conocido por ser el orgullo de Roosevelt, fue la más grande que los Estados Unidos han visto a lo largo de toda su historia.
Y ya no solo por el casi millar de fallecidos que se sucedieron después de que este crucero pesado fuese torpedeado por un submarino japonés, sino porque muchos de los supervivientes del naufragio dejaron este mundo desmembrados por tiburones en aguas del Pacífico. Una situación que fue recordada en la película «Tiburón» y que, a partir del mes que viene, será la protagonista también en una nueva película de Nicolas Cage: «Men of courage». Hoy, os contamos su historia.

Un crucero puntero

Las primeras páginas de esta tragedia -más propia, por cierto, de un largometraje de Hollywood que de la última fase de la Segunda Guerra Mundial- se empezaron a escribir cuando el «USS Indianápolis» fue alumbrado en los Astilleros New York Shipbuilding Co. el 7 de noviembre de 1931. Este gigante de los mares era un crucero pesado, lo que significa –ni más ni menos- que era un buque de gran radio de acción (mucha autonomía), con una velocidad considerable para el tonelaje que desplazaba y, finalmente, con un armamento reseñable al contar con unos gigantescos cañones de 203,2 milímetros (los cuales eran capaces de lanzar proyectiles de más de 100 kilogramos).
EE.UU. fue la última potencia que construyó cruceros pesados bajo la sombra del Tratado de Washington
En palabras de Patrick J. Finneran (expresidente de la organización dedicada a recordar a los supervivientes de la tragedia de este navío), Estados Unidos fue la última potencia que inició la construcción de cruceros pesados bajo la sombra del Tratado de Washington (un acuerdo internacional que firmaron los países más destacados de la época y unificó las características básicas que tenían que tener los buques con el objetivo de evitar una carrera armamentística).
Este hecho permitió a sus ingenieros solucionar las dificultades vistas en el resto de bajeles del mundo, solventar dichos problemas, y copiar la tecnología más eficaz. «EE.UU. tuvo la ventaja de haber analizado el desarrollo de los navíos contemporáneos que se construyeron en todo el mundo», explica el autor en su artículo «La tragedia del "USS Indianápolis"».
El «USS Indianápolis», durante una de sus travesías
El «USS Indianápolis», durante una de sus travesías- Wikimedia
El resultado fue la construcción de uno de los buques (el Indianápolis) más modernos de los años 30, siempre según Finneran: «Desde su creación, el "Indianápolis" fue el orgullo de la Armada, era el representante de la tecnología más avanzada de su tiempo». A su vez, Estados Unidos no solo ideó un navío puntero para la época, sino que aprendió a construirlos en serie. Así lo demuestra el que, al principio de la guerra, este país tuviera la friolera de 18 cruceros pesados, mientras que los británicos contaban con 15, los japoneses con 12, los franceses con 7, los italianos con 7 y los alemanes con 2.
Con todo, el «Indianápolis» y los buques de su clase contaban también con sus pequeños fallos. Y es que, para ganar velocidad, fueron ensamblados sin un grueso blindaje que solía incluirse en barcos similares, y que servía como protección adicional contra minas y torpedos.

Características básicas

La clase (tipo) del «Indianápolis» era la «Portland». Algo que, en la práctica, nos lleva a hablar de una serie de navíos construidos al comienzo de la década de los 30 y cuya característica principal con respecto a sus predecesores era que contaban con una mayor protección en el área de máquinas, como bien señala la Dirección de Intereses Marítimos en su obra «Buques de la Marina de Guerra del Perú desde 1884».
Sus características concretas son explicadas por el contralmirante Carlos Quiñonero López en su artículo «Un valioso regalo marinero» (publicado en 2010 en la Revista General de Marina). En este texto, el marino señala que desplazaba 9950 toneladas y sus dimensiones eran de 610 pies de eslora (largo) por 66 de manga (ancho). Todo ello, acompañado de una dotación de 1269 hombres «incluidos oficiales y personal».
LAURA ALBOR (ABC)
Su protección tenía de 3 a 4 pulgadas de espesor a babor y estribor, 2 en su primera cubierta y de 2 a 3 en las torres. Por su parte, y como explica pormenorizadamente el marino español en su artículo, el armamento del «Indianápolis» (y por ende, el de todos los de su clase) consistía en «tres torres triples con cañones de 8 pulgadas, calibre 50».
Además, contaba en palabras del experto con «ocho grupos de ametralladoras antiáereas; tres morteros; un tubo lanzatorpedos y dos catapultas para el lanzamiento de aviones», y su maquinaria estaba formada por «ocho calderas White-Foster, dos turbinas a vapor Parsons con engranajes de reducción simple; cuatro ejes de propulsión, con un poder de 107.000 SHP». Estos motores le permitían alcanzar una velocidad de 32,7 nudos -aproximadamente unos 60 kilómetros por hora-.

El favorito de Roosevelt

Tras ser dado de alta en la Armada el 15 de noviembre de 1932 en el astillero de Filadelfia, el «USS Indianápolis» fue asignado al capitán John M. Smeallie. Sus primeros viajes (más rutinarios que militares) se desarrollaron por la bahía de Guantánamo, el canal de Panamá y Chile. Tras un período de reparaciones, nuestro gigante metálico tuvo el honor de recoger al presidente Franklin D. Roosevelt de su casa de verano en Campobello Island (cerca de Maine) el 1 de julio de 1933.
Aquella fue la primera de una larga lista de visitas de dignatarios, pues también pisaron su cubierta algunos políticos de soberana importancia como el Secretario de Marina, Claude A. Swanson, quien se embarcó en este navío el 6 de septiembre de 1933 para llevar a cabo una inspección de las bases estadounidenses en el Pacífico.
El presidente, sobre el «Indianápolis»
El presidente, sobre el «Indianápolis»- Wikimedia
A partir del 1 de Noviembre, el «USS Indianápolis» se ganó un galón más al convertirse en el buque insignia de la fuerza de exploración de la Armada de los Estados Unidos. Ya había saltado a la fama, y esta le volvió a ser reconocida en mayo de 1934 cuando, de nuevo, Roosevelt se embarcó en él junto a otros tantos dignatarios con el objetivo de revisar la flota norteamericana.
Dos años más tarde, el trigésimo segundo presidente volvió a subirse de nuevo a este navío, aunque en este caso, para viajar hasta América del Sur. Aquel fue un viaje histórico que incluyó una gira por Buenos Aires, Trinidad y Montevideo. Al final, y como todo el mundo sabía que sucedería, el líder terminó seleccionando al «USS Indianápolis» como su nave de Estado y, siempre que podía, la elegía para que le llevara de un lado a otro. Y así, tour por aquí, y prácticas de tiro por allá, pasó el barco los siguientes años de paz.

La suerte de Pearl Harbor

Así de tranquilo continuó el «USS Indianápolis» hasta 1940, año en que se le ordenó partir hasta la base de Pearl Harbor (en Hawai) ante el aumento de la tensión entre Estados Unidos y Japón tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Para entonces, este navío ya había sido equipado con la mejor tecnología de la época (se avecinaban tiempos duros y le haría falta) y había recorrido la friolera de 215.140 milla náuticas, por lo que no era precisamente un buque novato.
Poco antes del ataque, el «USS Indianápolis» recibió órdenes de alejarse de Pearl Harbor
En los años posteriores Norteamérica fue arrastrada de forma indirecta a la contienda cuando, tras ofrecerse a vender armamento y provisiones a Inglaterra para evitar el bloqueo naval alemán, tuvo que escoltar a los buques mercantes que trasportaban aquellas vituallas hasta las tierras al mando de Churchill para evitar que volaran a manos de los temibles U-Boote germanos.
Con el paso de los meses la tensión siguió creciendo y creciendo entre los Estados Unidos y Japón. Una situación que alcanzó su punto álgido allá por diciembre de 1941, cuando el país del sol naciente tomó la decisión de armar sus cazas Zero y sus bombarderos B5N y D3A para acabar –el día 7- con la flota norteamericana amarrada en la bahía de Pearl Harbor.
El ataque resultante fue brutal y terminó con casi 4.000 bajas estadounidenses y 4 cruceros hundidos. Por suerte para sus tripulantes, el «USS Indianápolis» (que debería haber estado en el puerto y, por tanto, podría haber sido dañado severamente) recibió la orden apenas dos jornadas antes del asalto de encender motores y dirigirse hasta la isla Johnson con el objetivo de llevar a cabo un ejercicio rutinario.
El «Indianápolis», siendo atacado
El «Indianápolis», siendo atacado- Wikimedia
Esta extraña casualidad aviva la teoría partidaria de que los norteamericanos sabían que el ataque japonés se iba a suceder y que no hicieron nada para evitarlo salvo sacar del puerto a sus bajeles más modernos y mejor preparados. ¿Con qué objetivo? Por un lado, evitar que estos se fueran al fondo del mar y, por otro, tener una excusa para meterse de lleno en la contienda.
Lo cierto es que la orden de abandonar la base de forma tan repentina llamó la atención de los marineros del «USS Indianápolis». Uno de ellos, Daniel Brady, se quedó tan sorprendido que escribió una carta en la que dejó patentes sus dudas sobre el suceso: «El 5 de diciembre de 1941 yo estaba destinado como marinero de segunda clase en el "Indianápolis". […] Era viernes por la tarde y, como era rutina los fines de semana, dejamos en tierra a una tercera parte de la tripulación. A continuación, se nos dio una orden sorprendente: el barco se pondría en marcha en una hora. “Imposible”, comentamos». Pero no lo era. En pocos minutos el navío fue cargado de comida, los marinos subieron a cubierta, y se inició la travesía. Todo ello, en un tiempo récord.

Hacia Okinawa

«Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron atacados repentina y deliberadamente por fuerzas navales y aéreas del Imperio de Japón […] Pido que el Congreso declare el estado de guerra entre Estados Unidos y el Imperio japonés». Después del ataque sobre la bahía, estas fueron las palabras con las que Roosevelt declaró la guerra a los nipones. Desde ese momento, la flota norteamericana se fue desplazando paulatinamente hasta el Pacífico para ir arrebatando, isla tras isla, sus territorios a los japoneses. Y en esa ofensiva (que duró hasta el final de la guerra) participó activamente el «USS Indianápolis» de forma exitosa. El método de actuación siempre solía ser el mismo: bombardear hasta la saciedad el atolón para que luego la infantería lo asegurase.
El «USS Indianápolis» participó activamente en la ofensiva contra Japón
Su participación en la contienda en los siguientes años fue un éxito. Sin embargo, todo cambiaría cuando, tras asegurar Iwo Jima, se planteó el ataque de Okinawa (la mayor isla del suroeste de Japón). «Esta gran isla fue seleccionada por su tamaño y proximidad a Japón. Se pretendía que las fuerzas estadounidenses la utilizaran como base militar para asaltar al propio Japón», añade el autor norteamericano. La teoría era impecable, pero para conquistar esta región lo primero era, como bien explicaba el manual de todo buen oficial deseoso de asaltar una posición similar, bombardear hasta la saciedad el territorio para allanar el camino a los infantes. Y en esa misión entraba el «USS Indianápolis», buque al que se le ordenó -el 14 de marzo de 1945- partir hacia sus proximidades.
Así fue como, en palabras de Finneran, este navío comenzó a hacer retumbar sus gigantescos cañones sobre Okinawa durante siete días. Y todo ello, mientras ayudaba también a hacer que menguasen los aviones japoneses que defendían la zona. «Durante este período derribó seis aviones japoneses y ayudó a acabar con otros dos», completa el experto.

¡Banzai!

No andaban mal las cosas para el «USS Indianápolis» frente a las costas de Okinawa. Al menos, así era hasta que un piloto japonés decidió que el Emperador y el porvenir de Japón eran más importantes que su vida y, en la mañana del 31 de marzo de 1945, se lanzó contra el navío de forma kamikaze. «Rompió las nubes de la mañana y chocó contra el costado de babor de la cubierta de popa de la nave para después caer al mar», añade el experto. En principio no parecía que el enemigo hubiese causado daños severos, pero lo cierto es que logró matar a 9 marineros y herir a otros 26. Y eso únicamente en lo que se refiere a pérdidas humanas.
A nivel estructural, el barco también sufrió severos daños. Y es que, durante el impacto penetró en una de las cubiertas de babor, provocó dos agujeros en el casco a través de los que se inundaron varios compartimentos estancos, generó una pequeña explosión e inutilizó la máquina ideada para destilar el agua y una serie de tanques de combustible. No quedó más remedio. Tras las reparaciones de emergencia, tuvo que ser llevado a dique seco. «Debido a sus averías mayores, fue necesario remolcarlo hasta la isla Mare, en Nueva Caledonia, y someterlo a extensas reparaciones», determina –en este caso- Carlos Quiñones López. De ellas salió a finales de abril de ese mismo año.

Una misión atómica

Mientras pasaba por el taller, los mandamases del gobierno norteamericano llegaron a la conclusión de que los días de combatir en el Pacífico se habían acabado para el «USS Indianápolis». Su nuevo destino, según establecieron, sería mucho más secreto e importante: sería el encargado de llevar las piezas más grandes de una de las dos bombas atómicas (las mismas que se lanzarían sobre Hiroshima y Nagasaki) desde San Francisco, hasta la isla de Tiniam (en las Marianas). Estos datos dependen de las fuentes, pues, mientras que Quiñones es partidario de que portaba piezas de las dos, otros autores consideran que solo cargaba los de una de ellas.
La misión, lógicamente, era de vital importancia, pues de este navío dependía que los diferentes partes pudiesen ensamblarse en la región y, posteriormente, las armas se arrojasen sobre Japón para poner fin a la guerra. Por ello, este crucero pesado recibió todas las mejoras tecnológicas que había en los armarios de la Armada (entre las que se destacan un nuevo equipo electrónico o varios radares para detectar enemigos).
Charles Butler McVay
Charles Butler McVay- Wikimedia
Tras terminar su paso por dique seco, el oficial al mando del «USS Indianápolis» (el capitán de navío Charles Butler McVay III, hijo de un almirante que había combatido contra España y en la I Guerra Mundial) se tomó unos días para poner a punto sus nuevos juguetes en alta mar y se dirigió a San Francisco. «Tan pronto se dio término a las reparaciones del “Indianápolis”, se le encomendó a su Comandante la secreta y fatídica misión de dirigirse a San Francisco para embarcar y transportar hasta Tinian, del grupo de las Islas Marianas, los componentes de mayor peso y tamaño de dos bombas atómicas. Previamente las otras partes más pequeñas habían sido aéro-transportadas también hasta Tinian para proceder allí a su armado», añade el experto español.
Su valiosa carga fue subida al buque el 16 de julio de 1945 de buena mañana, para evitar ojos indiscretos. En palabras de Finneran, las piezas fueron almacenadas en varias cajas de madera dentro de dos hangares de la nave. «Entre ellas estaban los corazones de las bombas. El uranio 235. Este estaba sellado dentro de un contenedor de metal forrado de plomo», determina el estadounidense. Con todo, la tripulación no supo jamás que portaban aquella temible y destructiva carga, aunque sí recibieron órdenes de lanzar los contenedores al mar si el navío corría el riesgo de ser tomado por los alemanes. Tras terminar los preparativos, el «USS Indianápolis» comenzó su viaje hacia la historia. Y lo hizo sin escolta para no llamar la atención.

El cazador de ojos rasgados

Curiosamente, ese mismo día fue en el que el capitán de corbeta Mochitsura Hashimoto –japonés de nacimiento, como su propio nombre indica- recibió órdenes de empezar a patrullar las aguas situadas al este de Filipinas para destruir a cualquier buque occidental que tuviera las bolas de arroz de ponerse frente al periscopio de su submarino, el I-58. «El I-58 era un sumergible relativamente nuevo. Su quilla fue colocada en el Astillero Naval Yokosuka el 26 de diciembre de 1942», añade el autor español. El experto estadounidense es de la misma opinión y suscribe en sus textos que este aparato nipón era «más nuevo, más grande y tecnológicamente más avanzado» que cualquier otro.
El I-58 era uno de los pocos submarinos japoneses que escudriñaban todavía la zona
Lo cierto es que –a priori- este submarino era uno de los pocos que se encontraba surcando las aguas del Pacífico, pues las gran mayoría habían sido hundidos por las patrullas estadounidenses. Independientemente de aquel cazador de ojos rasgados, el 26 de junio el «USS Indianápolis» llegó a la isla y dejó su fatídica y secreta carga en su destino. «Al infierno» (debió pensar el capitán). Ese mismo día, y tras la liberación de aquella tensa misión, el buque americano recibió órdenes de dirigir sus hélices a Leyte para reunirse con el «USS Idaho» para llevar a cabo un ejercicio de rutina.
El objetivo de estas maniobras era foguear a la tripulación (en su mayoría formada por marineros novatos) y prepararse para una posible invasión de Japón. Con los motores listos, McVay solicitó una escolta de destructores para su viaje. Y es que, temía que los submarinos japoneses pudiesen rondar por la zona. La respuesta, curiosamente, fue negativa. El alto mando consideró que las patrullas habían hecho su trabajo y no quedaba ningún nipón por la zona que le pudiese poner las cosas «hard» al «USS Indianápolis». Al capitán y al más de un millar de marinos les tocaba hacer la travesía solos.

¡Avistado y hundido!

Tic tac. Tic tac. Las manecillas del reloj de a bordo marcaban poco más de las once de la noche del lunes 29 de julio (las 23:05) cuando el oficial navegante del I-58 llamó a su capitán para darle noticias. Él debería decidir si eran buenas o malas. A los pocos segundos llegó Hashimoto, que escuchó atentamente. Un destructor se acercaba por babor (la izquierda, para los que anden justos de conocimientos marineros) desde el Este hacia el submarino de la armada Imperial, entonces surcando las aguas en superficie. La respuesta fue inmediata… ¡Zafarrancho de combate. Inmersión! (o cómo demonios se diga en japonés). Una vez engullido por las frías aguas, el aparato nipón quedó oculto de ojos indiscretos.
Pocos minutos después, Hashimoto asió el periscopio, lo levantó, y escudriñó en la noche para confirmar si su invitado había acudido a la cita. Y vaya que sí. Su nuevo amigo era un buque con el siguiente nombre en el casco: «USS Indianápolis». Se encontraba a 4.400 yardas y, para mayor felicidad del «japo», navegaba sin hacer zig-zag, la medida básica para esquivar los torpedos de los submarinos. ¡Por el emperador y por todo Japón! La ocasión no podía ser mejor. El capitanucho norteamericano se había confiado y ahora él podía hacerle explotar a placer.
Submarino I-58
Submarino I-58- Wikimedia
«La ocasión para el I-58 era irrepetible. Pocas oportunidades volverían a tener de encontrarse ante un destructor sin escolta, con la posibilidad de atacarlo por sorpresa. De inmediato, ordenó cargar los tubos delanteros», explica el periodista e historiador español Jesús Hernández en su obra «Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial». Por su parte, Quiñones afirma que «cuando la proa del "Indianápolis" estaba a 60º grados a estribor del submarino, Hashimoto ordenó disparar sus seis torpedos con un intervalo de 2 segundos y prefijados a una profundidad de 4 metros».
El capitán japonés lo explicó así posteriormente: «Esperamos hasta que se acercó lo suficiente como para ver lo que era. Cuando nos percatamos de que era un barco grande, ordené dirigir mis torpedos hacia él y disparar».
«En menos de quince minutos, el "USS Indianápolis" fue engullido por las aguas»
Poco después, la muerte llegó en forma de torpedo hasta el «USS Indianápolis». Y todo, para sorpresa de su capitán, quien se percató muy tarde de que había sido acechado y cazado. Bum. Bum. Bum. Tres explosiones separaron al «Indianápolis» y a las más de un millar de vidas de su interior de estar a flote, a terminar bajo las aguas.
«El primer impacto dio ligeramente a proa de la torre número 1, el segundo justo en ésta y el tercero, entre el puente y la torre número 2», añade Quiñones. El quejido del casco de aquel gigante metálico se oyó en toda la zona. Posteriormente, el bajel se escoró a estribor (la derecha, para los despistados) y empezó a hundirse por la proa mientras sus marinos se arrojaban al agua.
Mientras el «USS Indianápolis» daba sus últimas bocanadas de aire y era ingerido por un mar ávido de buques, a Hashimoto todavía le dio tiempo para levantar el periscopio, ver aquel desastre, e iniciar la marcha hacia el Norte. Por suerte, decidió no emerger y disparar sus ametralladoras contra los supervivientes (algo que, por cierto, no estaba ni mucho menos mal visto en la armada Imperial) y marcharse sin hacer demasiado ruido. El combate había acabado para él.
Sin embargo, para los 1197 estadounidenses que había en su interior la lucha acababa de empezar, aunque no contra aquel submarino nipón (poco podían hacer ya contra él) sino contra los elementos, el agua… y los tiburones. Y es que, aunque nadie se había percatado de ello, el agua al que ahora todos trataban de arrojarse estaba infestada de ellos.
Capitán japonés del I-58
Capitán japonés del I-58- Wikimedia
«En menos de quince minutos, el "USS Indianápolis" fue engullido por las aguas, pero dos terceras partes de sus tripulantes tuvieron tiempo de arrojarse al agua o, los más afortunados, subirse a los escasos botes que habían podido rescatarse a tiempo, puesto que las lanchas salvavidas se habían hundido con el barco. En total fueron unos 800 marineros los que sobrevivieron al ataque, mientras que unos 400 quedaron atrapados y sobrevivieron al ataque», señala Hernández.
Aquellos 800 marineros tuvieron una suerte dispar, ya que –aunque se salvaron de hundirse con su buque- la mayoría solo contaba con una chaqueta hinchable que les impedía hundirse.

Una nueva pesadilla

Después del hundimiento del «USS Indianápolis», el mismo buque en el que había viajado Roosevelt tantas veces y que había sido el orgullo de la marina estadounidense, comenzó una nueva pesadilla para los más de 800 supervivientes (900 atendiendo a las diferentes fuentes) que cayeron al agua. Y es que, cuando pasó la noche, y con el amanecer de un nuevo día, empezaron a llegar hasta ellos decenas de tiburones ansiosos de dar buena cuenta de la carne que les había llegado caída del cielo. La mayoría, tiburones tigre y azules.
Los norteamericanos, por su parte, poco podían hacer más que tratar de seguir el manual que les habían entregado antes de partir y que afirmaba que, la mejor forma de quitarse de encima a un tiburón era asustarle dándole una buena patada. Aquellas precarias indicaciones no sirvieron de mucho a los marinos. Ya fuera porque muchos no las recordaron, porque no acertaron a propinar un buen mamporro a sus enemigos acuáticos, o porque trataron de salir de allí nadando a toda velocidad.
Tiburón tigre
Tiburón tigre- Wikimedia
Aquel primer día, decenas de norteamericanos fueron, literalmente, comida para los peces. «Los implacables escualos les atacaron de repente, tiñendo rápidamente de rojo las aguas. La reacción de los desafortunados marinos es fácilmente imaginable; muchos intentaron trepar a los botes de goma pero, en su desesperación, lo único que conseguían era volcarlos y condenar a sus compañeros a una muerte segura», completa Hernández en su obra.
Algunos marinos no podrían quitarse jamás la imagen de sus compañeros muertos de la cabeza. Uno de ellos fue precisamente Loel Dean Cox quien, en 2013, concedió una entrevista exclusiva a la BBC en la que narró aquellos terribles momentos: «Eran grandes. Le juro que algunos tenían 4,5 metros de largo […] Estaban continuamente ahí, la mayor parte del tiempo comiéndose los cuerpos de los muertos. Gracias a Dios había mucha gente muerta flotando en el área […] Venían y se tropezaban con uno. A mí me golpearon varias veces».

Sin ayuda

A pesar de la tragedia que se sucedía a su alrededor aquellos hombres que chapoteaban en el agua tratando de salvar las vida todavía tenían una esperanza: el que el «USS Idaho» se hubiese percatado de que el «Indianápolis» no había llegado hasta la zona para llevar a cabo los ejercicios pertinentes. Si eso se cumplía, era lógico pensar que no tardarían en ser rescatados. Sin embargo, lo que no sabían los cada vez menos supervivientes era que dicho crucero pesado no había recibido el mensaje que -enviado varias jornadas antes- le informaba de la llegada del navío favorito de Roosevelt. ¿La razón? Un terrible fallo en la mensajería.
LAURA ALBOR (ABC)
Además, la mala suerte quiso que se produjese otro error fatal. «Mientras tanto, y aunque resulte difícil de creer, la Armada norteamericana no tenía ninguna noticia del hundimiento del "USS Indianápolis". Un inexplicable error de coordinación provocó que las distintas secciones encargadas de hacer el seguimiento de los buques creyesen que era otra la que debía hacerse cargo del "USS Indianápolis", por lo que nadie echó en faltas las emisiones procedentes de su equipo de radio. No a nadie se le ocurrió establecer comunicación con él», determina Hernández. La conclusión fue que no se inició ninguna misión de rescate.

Los otros enemigos

Después de caer en el agua, los supervivientes pasaron un total de cinco días y otras tantas noches en el mar. Unas aguas, por cierto, en las que casi se cocían de calor durante el día, y se congelaban por la noche. Así recuerda James aquellos terribles momentos: «Pasó el día, llegó la noche y hacía frío, mucho frío. La siguiente mañana salió el sol y nos calentó, pero nos atacó un calor insoportable. Acabamos rezando para que el sol bajase y nos congelásemos de nuevo».
Con el paso de las horas, el hambre y la sed también empezaron a destrozar la moral de nuestros protagonistas. Los más fuertes lograron resistir la falta de agua. Sin embargo, no fueron pocos los que desesperaron y acabaron cometiendo un error que les costaría la vida. Este fallo es explicado por James en su relato: «Teníamos hambre, sed, no había agua, ni comida, ni podíamos dormir.... Algunos chicos bebieron agua salda y, durante un tiempo, les fue bien». Esa sensación no les duraría mucho, ya que ese líquido hizo que la deshidratación aumentara.
Rescate de varios marinos tras la tragedia
Rescate de varios marinos tras la tragedia- Wikimedia
Durante aquellos días se vivieron además terribles momentos que hicieron perder la cabeza a muchos de los marineros. Dos de ellos, por ejemplo, se empeñaron -no sabemos si por la sed o por la desesperación- en que el «USS Indianápoles» estaba justo «debajo de la superficie» y que podían llegar buceando hasta los almacenes del bajel para coger algo de agua y comida (desde cigarrillos, hasta dulces y helados). «Tres o cuatro chicos se creyeron esta historia y se ofrecieron a ir con ellos», determina James. Desconocemos qué sucedió con estos hombres debido a que el superviviente no lo explicó en su relato.
Y, por descontado, todo esto se sumaba a la perpetua presencia de los tiburones a su alrededor. «Los tiburones eran el peor final. Se alimentaban por la noche. Todo estaba tranquilo y luego se oía a alguien gritar. Eso significaba que un tiburón lo había conseguido», determina James. Loel Dean Cox también describió a la BBC un sentimiento parecido: «En esa agua clara, uno podía ver a los tiburones merodeando. Y de tanto en tanto, como un rayo, uno nadaba derecho para arriba, cogía a un marinero y se lo llevaba. Uno vino y se llevó al marinero que estaba a mi lado». Fue una masacre absoluta.

Un final... ¿feliz?

Tras varios días de tragedia, los supervivientes fueron vistos accidentalmente el día 2 de agosto (aproximadamente a las diez y media de la mañana) por un avión pilotado por Wilbur Gwin y Warren Colwell. Los militares, sorprendidos por darse de bruces con aquel desastre, y a sabiendas de que no podrían amerizar, se limitaron a lanzar algunos víveres a los náufragos y una lancha de goma antes de dar media vuelta para informar de lo ocurrido.
El capitán fue llevado a juicio por no haber realizado las maniobras necesarias para eludir los torpedos
Posteriormente, y con varias jornadas de retraso, llegó a la zona el hidroavión del teniente Adrian Marks, quien comunicó a un destructor cercano lo sucedido. A partir de ese momento el rescate fue sumamente rápido. Se organizó una gigantesca operación de rescate en la que participaron cinco navíos. Pero ya era demasiado tarde para muchos. Cuando llegaron, solo pudieron rescatar a 316 (317 y 318, atendiendo a las diferentes fuentes) marineros. Había muerto el 75% de la tripulación. Y una buena parte de ellos, por culpa de tiburones.
Al hacer recuento de los supervivientes, los médicos se encontraron con el capitán McVay, quien tuvo la suerte de poder escapar a aquella tragedia. O al menos eso creía él. Y es que, después de recuperarse, fue juzgado por cometer varios errores que, según los mandos, pudieron costar la vida de sus marineros y la pérdida del buque de la armada. El primero de ellos fue no haber navegado en zig-zag durante la noche. En el juicio llegó a participar Ashimoto quien declaró que, navegara como hubiese navegado el navío, él lo hubiese destruido.
El capitán también fue acusado de no organizar como debía la evacuación del buque. Algo que se contrarrestó afirmando que el hundimiento había sido tan rápido, que había sido imposible llevarlo a cabo de forma adecuada. Al final, McVay fue readmitido en el servicio y ascendido a contralmirante, aunque aquello significó -en palabras del juzgado- su ataúd militar. Se retiró en 1949.

VISUS MILITIS ¡GIBRALTAR ESPAÑOL! (General de Brigada Adolfo Coloma Contreras

VISUS MILITIS ¡GIBRALTAR ESPAÑOL! (General de Brigada Adolfo Coloma Contreras)


3 de julio de 2016
CONSIGNA: ¡GIBRALTAR ESPAÑOL!
Pues no, no es fácil interpretar la mirada, el sentir del soldado esta última semana con los acontecimientos que la han sacudido, el BREXIT y sobre todo las segundas elecciones. Tal vez se sienta sorprendido de lo poco que ha pesado lo suyo en este envite. Mejor así, acostumbrado como está a que ignoren su industria.

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el soldado veterano
Ardua tarea pues, ya que no nos consideramos ni de lejos portavoces de su pensar o de su sentir, por más que muchos en activo o no, de dentro y de fuera, se acerquen a nosotros, nos animen y nos apoyen. Somos solo  intérpretes de sus sentimientos, porque son los nuestros, no les quepa duda. Así es que no nos vamos a entretener en discernir hacia qué lado se inclina la mirada del soldado en este envite. De lo que si estamos seguros es de que mirará de frente y su ánimo, su apoyo irá sin duda hacia cualquier programa que defienda sin ambages la unidad, la soberanía y la independencia de la patria. Bueno, como decíamos en las academias militares, todos menos uno.
Por eso hoy queremos volver nuestra mirada hacia el propio soldado. Hacia ese impertérrito centinela de servicio en la misma verja del peñón que no nos podrá devolver nuestra mirada nostálgica, agradecida y comprometida porque la suya estará permanentemente fija en ese trozo irredento de España cuya vigilancia desde la verja se le acaba de confiar, cuando en presencia de su cabo de guardia y con el arma presentada se haya hecho cargo de la única consigna de ese puesto: ¡GIBRALTAR ESPAÑOL!
Adolfo Coloma

DON JULIO (EL EXJEMAD) Y LA ÉTICA A NICÓMACO (General de División Rafael Dávila Álvarez)

 


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El exjemad se quedó sin pegada
‹‹Buen día. Si hay algo deprimente es que la mitad de los electores no quieren ningún cambio. No creen en la ética, y eso… empieza a ser peligroso››.
Son palabras, escritas en tuiter, por el que ahora se cree aristotélico personaje, el exjemad y candidato frustrado de Podemos. Profunda reflexión después de su nuevo fracaso. Pretende reescribir la  Ética a Nicómaco insultando a los votantes, a la mitad de los votantes. Mis conocimientos sobre la ética son humildes y escasos ya que solo llegué a general dentro de la  acepción del diccionario de la RAE que dice, General: lo más común. Por tanto les ruego disculpen la simpleza de mis argumentos que no alcanzan los niveles del tuit del exjemad.
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Todos llevan el paso
Voy a empezar recordando la anécdota del soldado que desfilando en formación llevaba el paso cambiado, pero su madre le aplaudía rabiosamente mientras gritaba: ‹‹Ese es mi hijo. Sí, aquel, el único que lleva bien el paso››. En este caso concreto el Sr. Rodríguez y su diminuta e inapreciable escuadra parecen ser los únicos que lleva el paso correcto mientras que el conjunto de España va con el paso cambiado y a trompicones. Para colmo, este peligroso ex, con más resabios que el famoso toro Ratón, considera a la democrática opción de media España como “un peligro”. Nos vamos conociendo, caballerete. Encantado de no haberle conocido, aunque era verdad lo que me contaban… entonces y ahora.
Me viene a la cabeza otra anécdota que parece dedicada al Sr. Rodríguez. Es de aviones y pilotos.
Durante los inicios de la Guerra Civil un Junker que había dejado tropas en Sevilla volvía a Tetuán cruzando el Estrecho. En medio de la travesía el avión empezó a fallar alarmantemente. La tripulación la componían el capitán piloto y un mecánico.
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¿Dónde está mi paracaídas?
El piloto, alarmado ante el inminente riesgo, gritaba al mecánico.
-¡Los paracaídas, busca los paracaídas…!
El tiempo convertido en eternidad desesperaba al piloto al ver que el mecánico no aparecía ni daba señales de vida con los paracaídas.
Después de minutos de angustia apareció el mecánico en la cabina abrochándose las últimas correíllas de su paracaídas.
-¿Dónde está mi paracaídas?
Gritó enfurecido el capitán.
-Mi capitán es que su paracaídas no aparece por ninguna parte.
Todo quedó en un susto y aterrizaron sin problema. Otra cosa es lo que después de aquello sucedió en la relación piloto y mecánico.
GRA123. MAJADAHONDA (MADRID), 20/12/2015.- El número dos en la lista electoral de Podemos por Zaragoza, Julio Rodríguez, vota en el colegio electoral San Pío X, en la jornada de elecciones generales del 20D. EFE/Emilio Naranjo
GRA123. MAJADAHONDA (MADRID), 20/12/2015.- El número dos en la lista electoral de Podemos por Zaragoza, Julio Rodríguez, vota en el colegio electoral San Pío X, en la jornada de elecciones generales del 20D. EFE/Emilio Naranjo
Señor Rodríguez, usted que nunca pilotó, ahora que lo ha intentado, le han dejado sin paracaídas en un momento en que la aeronave se viene abajo.
¡Grite, grite, Rodríguez! Todos llevan su paracaídas puesto y el suyo no aparece por ninguna parte.
Es la ética con significaciones gnoseológicas, socrática, aristotélica, marxista o socialdemócrata. ¡Qué cosas!
Le han dejado solo… ¿Como se le ocurre presentarse en Zaragoza donde se ubica la Academia General Militar o en Almería donde está la Legión española?
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La ética se demuestra andando
Se ve claro que el cambio no va con usted y arrastra lo que le duele. No se va a librar de ello, aunque cuando se creía pilotando, los suyos, los de la ética, le han dejado solito a los mandos… y sin paracaídas.
Agárrese que viene curva.
Usted no es Aristóteles ni nosotros Nicómaco. Y la ética se demuestra andando.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvar

¿QUIERES SER MILITAR?


IMG_4421La vida es un ciclo continuo; se suceden una y otra vez las estaciones, así como los eventos asociados a ellas, siempre sin solución de continuidad. Y acorde con ellos los relatos consecuentes. Es así entonces que escribo otra vez en este mes de julio, un año más, al ver como cientos de muchachos y muchachas jóvenes se presentan al concurso-oposición para ingresar en los centros de formación para oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.
Sí, el número de opositores es ciertamente alto; sin duda, de una parte porque algo hay cierto en el hecho de que en tiempos de crisis la garantía de un trabajo fijo es tentadora. Ahora bien, ¿es ésta la única razón? Pues no, o al menos así lo veo yo, por extraño que pueda parecer. Y digo extraño porque la vida militar nunca ha sido un camino de rosas y hoy tampoco lo es.
Sí, hay otras razones más allá de la de la seguridad laboral y a ellas me refiero ahora.
IMG_4423La vida en la milicia exige ser desarrollada vocacionalmente pues no son pocos los sacrificios que conlleva y quien no esté dispuesto a hacerles frente difícilmente podrá sobrevivir feliz en ese mundo. Ser soldado implica servicio a los demás, al prójimo, a la gran familia tribal, en definitiva a lo que conocemos como la Patria, pero acorde con unos principios de vida que no están precisamente en boga hoy en día: el culto al honor, el respeto a la lealtad, la asunción de las jerarquías, el cumplimiento del deber, el compañerismo en grado extremo, y un larguísimo, pero no por ello menos importante etcétera, dentro del cual destacan, como rasgo distintivo, los hechos más que las palabras. Porque el militar no suele ser persona de muchas y aún menos de huecas palabras, sino de pocas -pero precisas y claras- y respaldadas por hechos tangibles. Por estos principios el militar auténtico puede estar dispuesto a dar incluso su vida, ejemplos en la historia hay por doquier, tanto en nuestra patria como en otros países de larga tradición castrense.
Y sí, son muchos los jóvenes los que comulgan con estos principios pese a que vivimos en una sociedad hedonista y no muy propicia a sacrificios personales. Yendo aún más allá, me atrevo a decir que en el mundo de la milicia, aún se mantiene, afortunadamente, el principio del binomio esfuerzo-recompensa, y en ese orden, pues igual que la causa precede al efecto, el esfuerzo, a veces heroico y agotador, es condición sine qua non, para la obtención de algún tipo de recompensa: a veces la simple pero profunda satisfacción interior por el deber cumplido. Esto, que puede parecer extraño hoy en día entre el sector más joven de la población de nuestro país, donde muchas veces se cobra o exige la recompensa sin haber hecho mérito alguno para merecerla es, a juicio de quien suscribe, uno de los pilares en los que se ha apoyado durante siglos el progreso y la fortaleza de una sociedad como la española, hoy con los fustes de dichas columnas algo agrietadas.IMG_4424
Hay otra perspectiva también, que, desde la atalaya de muchos años de servicio, vislumbro. La juventud, hoy al igual que siempre, está ávida de aventuras, no al alcance fácil de cualquiera. La querencia al riesgo es innata a los años jóvenes y qué mejor sitio que los ejércitos para encontrarlos. En las Fuerzas Armadas uno puede llegar a ser un experto paracaidista, un buceador de combate y de profundidad, un montañero y escalador avezado, un piloto de helicópteros o de caza, el sentir la vida en la mar tanto en superficie como en submarinos, y un sinfín de ejemplos a cual más variado. Un enorme abanico de oportunidades, sólo asequibles en los ejércitos, sumamente atractivas para todo aquél que busque, como ya he dicho, el riesgo o la aventura. Y si hablamos de esto último, liguémoslo además, también, a esa conocida frase de “alístate y conocerás mundo”. La profesión militar proporciona oportunidades mil.
A ver, quien les escribe aquí puede presumir de conocer los cinco continentes. No les voy a relatar la lista de países en los que, por razones exclusivas del servicio, he tenido la oportunidad de visitar y vivir, porque sería muy largo el hacerlo; y vaya por delante que pertenezco a una generación que ha vivido la milicia fuera de la OTAN durante muchos años, lo que dará una idea de las muchas más oportunidades, para los que ingresen hoy, en los ejércitos actuales y en el futuro. Incluso desde el punto de vista tecnológico también hay muchos aspectos que resultan apasionantes.
IMG_4426En definitiva, muchas son las razones que impulsan hoy a la juventud para incorporarse a las FAS y buena prueba de ello la tenemos en estos momentos a la vista.
Nada más lejos de mis intenciones que hacer proselitismo -esa es función del Ministerio de Defensa- pero no quiero ocultar mi entusiasmo y el orgullo de haber dedicado mi vida al servicio de mi Patria; además, el hecho de encontrarme en la situación de retirado me ha hecho volver la vista atrás y reconocer que la nostalgia de una vida pasada me ha conducido a recapacitar y autocomplacerme en lo vivido intensamente, y, de hecho, mi hoja de servicios refleja sin exagerar muchos de los trazos de la vida militar que he bosquejado brevemente en estas líneas. Y es una hoja de servicios en todo similar a la de cualquiera de los que un día hace 46 años escogimos el servicio a la Patria como una religión, como un anhelo de dedicación a nuestro pueblo, al ser humano en definitiva. Muchos se quedaron en el camino y dieron lo mejor de sí mismos. No están con nosotros pero a su honor nos debemos. ¿Qué menos podríamos sentir, que nuestra admiración y un intenso respeto que inspira nuestras almas?
Hoy mis sentimientos se trasladan a la profunda mar de aquellos años jóvenes a bordo del “Júpiter”, “Legazpi”, “Juan Sebastián de Elcano”, “Aragón”, “Castilla”, “Velasco” o el ”Conde del Venadito”, a las arenas y luces del Sahara español, a las selvas de Nicaragua y a las montañas hondureñas, a los bosques y valles de Yugoslavia, a las profundidades del mar Mediterráneo o a los cielos de España.IMG_4427
Pues sí, no lo pretendía, pero al final la nostalgia me ha llevado de su mano y estoy con William Wordsworth cuando decía que:
“Aunque nada pueda devolvernos
las horas de esplendor en la hierba,
ni de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque siempre la belleza
subsiste en el recuerdo”
Comprendo a todos los jóvenes que estos días aspiran a una vida similar. Saben que ricos -en dinero- no van a ser nunca, pero si la sienten, vivirán una vida intensa como pocas y, si no es así, piénsenlo varias veces antes porque podría ser un calvario si la actitud personal no está en sintonía.
Y termino estas líneas ubicado en una larga cola de jóvenes opositores a ingresar en los ejércitos, en la espera previa a la de la realización de las pruebas físicas, cuando observo no lejos de mí a otros jóvenes regresando seguramente de lo que ahora se llama ” botellón” tras una evidente larga noche . Lo siento, pero el desaliño y las malas formas que se desprenden de su presencia muestran un abismo de conducta social entre estos y aquellos difícilmente comparables. Aquí reina el saber estar y la disposición a los sacrificios que sean por alcanzar una vida honesta y honrada, mientras que en la fila de enfrente solo veo las ansias por el placer y la vida cómoda que seguro no lo será tanto pues sólo mediante el sacrificio se llega a la felicidad y al bienestar personal. Nuestra sociedad de la que formamos parte todos se encuentra afectada seriamente de la pérdida de valores que observamos día a día. Al menos, hoy, yo me encuentro esperanzado al ver a quienes están dispuestos a todo por formar parte de nuestros ejércitos. El futuro de España es de ellos.
General de División (R.) Juan Chicharro Ortega

Fernández Díaz, en situación insostenible


Las manifestaciones del comisario José Manuel Villarejo en sede judicial admitiendo la existencia de una estrategia diseñada en el Ministerio del Interior para combatir el independentismo catalán son de tal gravedad que deberían haber provocado inmediatamente un desmentido del Gobierno y el anuncio de un reestructuración de la cúpula policial. El silencio de Jorge Fernández Díaz equivale a dar por buena la versión del comisario y, por tanto, no le queda otra salida que dimitir.
El testimonio de Villarejo viene a corroborar que las conversaciones entre el ministro y el jefe de la Oficina Antifraude Catalana que salieron a la luz hace dos semanas reflejan fielmente lo que se tramaba en Interior, una misión que el propio policía ha bautizado como "Operación Cataluña".

Victimismo

Las comprometedoras declaraciones de Villarejo surgen al hilo de la guerra que se vive en el seno de la Policía desde hace cuatro años y que enfrenta a éste con el también comisario Martín Blas y, en consecuencia, a agentes de la confianza de uno y otro. Fruto de ese conflicto es la demanda contra Villarejo que le ha llevado este miércoles a ser interrogado por un asunto relacionado con el Pequeño Nicolás.
En el contexto actual, las revelaciones de Villarejo perjudican gravísimamente al Gobierno, pues legitiman el discurso victimista del independentismo en pleno órdago al Estado. Sin embargo, no cabe olvidar lo esencial: que los gobiernos nacionalistas en Cataluña han estado trufados de corrupción y han servido de tapadera a todo tipo de desmanes con dinero público, como ha quedado demostrado en múltiples casos,  desde Jordi Pujol y su famila a las tramas de Convergència.

No hay atajos

Este mismo martes hemos asistido a una operación en varios ayuntamientos   gobernados por CiU por contrataciones irregulares y la Guardia Civil ya rastrea el paradero de tres millones de euros desviados a Andorra. La reacción del Ejecutivo catalán ha sido enmarcar inmediatamente esa actuación dentro de lo que ya denomina "guerra sucia" contra el independentismo.
El culpable de haber entregado gasolina gratis a los separatistas para que sigan alimentando la hoguera del agravio no es otro que Jorge Fernández Díaz. Es obvio que el Estado tiene que defenderse de los que tratan de destruirlo y que está legitimado para protegerse de quienes bordean el delito de sedición en su intento de separar una parte del país al margen de la ley. Pero un ministro no debe tomar atajos, y la declaración del comisario Villarejo lo deja en evidencia.

Guerra policial

Lo peor seguramente que se desprende de este episodio es que los distintos gobiernos de España han estado consintiendo años y años que los nacionalistas catalanes actuaran con patente de corso, y que sólo han reaccionado y han puesto a trabajar los resortes en defensa del bien general cuando se ha puesto sobre la mesa el desafío separatista.
El ministro Fernández Díaz tiene que asumir su responsabilidad por dirigir la búsqueda de actividades delictivas contra determinados políticos a los que pretendía perjudicar y también por no haber cortado el enfrentamiento entre clanes policiales, una lucha que ha salpicado de escándalos asuntos como la Operación Emperador (contra la mafia china), el caso de la dermatóloga Elisa Pinto, el del Pequeño Nicolás o la Operación Varma (contra un grupo indio de crimen organizado).

Ni un minuto más

Se da por hecho que la publicación de las conversaciones grabadas al ministro del Interior en su despacho también es producto de esa batalla. Y hoy EL ESPAÑOL publica en exclusiva que un pendrive con datos sensibles sobre responsables públicos catalanes ha desaparecido de la Unidad de Inteligencia de la Policía, una circunstancia que podría afectar a investigaciones en curso. ¿Puede seguir un minuto más en su cargo Fernández Díaz después de todo esto?
Pero además, este ministro del Interior es el que acaba de dejar solos a los reyes en su reciente visita a Girona. Y el que está detrás de la Operación kitchen, para recuperar los papeles de la esposa de Bárcenas que podían comprometer a Rajoy. Y el que avaló los seguimientos a periodistas que trataban de obtener información sobre la financiación irregular del PP. Y el que concede la medalla de oro al Mérito Policial a la Virgen. Y el que recibe al imputado Rodrigo Rato en su despacho. Y el que concede la libertad condicional al etarra Bolinaga. Nadie podrá decir que Fernández Díaz no se ha ganado a pulso dejar el cargo. Si tuviera un ápice de dignidad seguiría el mismo camino que, con muchos menos motivos, emprendió José Manuel Soria.

Los ocho escenarios de la guerra entre comisarios


El 'Pequeño Nicolás', la operación Emperador, la dermatóloga Pinto o la princesa Corinna son algunos de los casos que enfrentan a Villarejo y Martín-Blas.

Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz e Ignacio Cosidó, delante de varios comisarios.
Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz e Ignacio Cosidó, delante de varios comisarios.
El enfrentamiento entre los comisarios de Policía Marcelino Martín-Blas y José Villarejo ha desencadenado una lucha policial en el seno del Cuerpo que se ha extendido en varias ocasiones a los tribunales. Además, se han visto involucrados distintos estamentos del Estado, incluyendo los servicios de Inteligencia, y salpicadas varias investigaciones en curso. Estos son los ocho principales escenarios, pero no los únicos ni quizás los últimos, en los que se ha librado esta guerra:

1.- Operación contra la mafia china

Fue la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (UDYCO) la encargada de investigar la Operación Emperador contra la mafia china. Sin embargo, en el registro de los principales investigados, los agentes localizaron un manuscrito con el nombre de varios agentes y responsables policiales, tanto de Policía como de Guardia Civil. Anticorrupción abrió en marzo de 2014 una pieza separada, que al versar sobre funcionarios públicos, recayó en Asuntos Internos, la unidad controlada por el comisario Martín-Blas.
Uno de los principales afectados por esta pesquisa fue el entonces comisario de Barajas, C. S, que finalmente quedó exonerado del caso en noviembre de ese mismo año. En algunos sectores policiales, se interpretó su imputación como una maniobra del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para colocar al frente del Aeropuerto de Barajas a un comisario afín. La Fiscalía y los instructores del caso, por el contrario, mantenían que había pruebas más que suficientes para investigarle. De cualquier modo, en esas mismas fechas se filtra a la prensa la grabación entre uno de los ciudadanos chinos imputados en el caso y una agente de la inteligencia española para que acuda a la Fiscalía a declarar en contra de varios agentes.
El principal informe sobre los funcionarios investigados incluye información sobre uno de los hijos del comisario Villarejo, que nada tiene que ver con la Policía. El empresario contacta con un ciudadano chino para comprar material para su empresa de sanitarios para hostelería. Nada delictivo se sustanció y nunca se valoró su imputación. Pero su nombre sí aparece en aquel informe. El comisario adscrito al Director Adjunto Operativo (DAO) interpretó –tal y como ha confirmado en su declaración de este miércoles- que aquello era una agresión personal, instigada por el CNI y materializada por su compañero Martín-Blas, que entonces estaba asignado como enlace entre el cuerpo y los espías españoles por orden de la Dirección Adjunta Operativa.

2.- El asunto de la falsa viagra

En noviembre de 2014 -en fecha prácticamente coincidente con el episodio anterior-, la Policía Nacional lanza una operación contra un grupo de empresarios indios por importar a España presuntamente de forma ilegal una sustancia natural con efectos parecidos a la Viagra. Además, los agentes investigaban las finanzas de los principales implicados. Hasta que la guerra policial estalla. El comisario Villarejo mantiene en sus informes que uno de los principales imputados le trasladó antes de su detención la propuesta de varios agentes de policía para dejarle fuera del operativo a cambio de dinero. Según su versión, Villarejo trasladó a Asuntos Internos la denuncia verbal del ciudadano indio para que fuera investigada. La información, descartada por el momento, señalaba entre otros a varios responsables de los equipos de investigación contra el crimen organizado.
El informe del departamento controlado por Martín-Blas da una versión distinta y desliza que es el propio Villarejo por medio de una identidad operativa quien habría beneficiado a los investigados identificándoles las matrículas que participaban en su seguimiento. Hasta el momento, no se ha sustanciado acusación formal alguna en uno u otro sentido.

3.- La Operación Cataluña

El Ministerio del Interior montó también en 2014 un operativo especial para combatir la corrupción en Cataluña, bautizada así por Villarejo este miércoles en sede judicial. El dispositivo tenía como objetivo aflorar casos de corrupción de la élite política catalana para neutralizar la ofensiva soberanista. Para ello, el operativo contaba tanto con la participación del comisario Villarejo, encargado de la captación de fuentes de información y testimonios, como del equipo de Martín-Blas y sus relaciones con el CNI. No en vano, la cúpula policial crea bajo control de Martín-Blas una unidad de Inteligencia adscrita al DAO y coordinada por este comisario.
El problema llega cuando el equipo de Martín-Blas alquila pisos francos en Barcelona y comienza también a captar fuentes para controlar el acceso a esa información. El trabajo de los dos comisarios colisiona de forma directa y Villarejo sospecha que le están dejando de lado y acusa a Martín-Blas –tanto ante la dirección policial como ante los responsables ministeriales- de trabajar para el CNI y de participar en una estrategia para desbancarle de su puesto. Según confirman fuentes de Interior y mantiene el propio agente en su declaración, la relación entre ambos es tan tensa que la cúpula policial intenta incluso evitar que ambos coincidan en las reuniones de coordinación del operativo. Por su parte, Martin-Blas aportó en el Juzgado una versión distinta y mantiene que no existe enemistad con el comisario, al que admite conocer.
Es en esas fechas cuando se genera la información desaparecida ahora en la Policía Nacional y que la Policía Judicial investiga. Y es en esa fecha también cuando se crean y se comparten entre los equipos de trabajo documentos como la grabación de la conversación entre el comisario Villarejo y el financiero Javier De La Rosa, filtrada a la prensa cuando el conflicto entre ambos comisarios era ya más que evidente. Es en esas mismas fechas (2 y 16 de octubre de 2014) cuando el ministro del Interior se reúne con el responsable de la Agencia Antifraude catalana, Daniel de Alfonso. Coincidencia o no, la grabación de estos encuentros también ha trascendido a los medios.

4.- Contactos con Corinna

La ex pareja sentimental del rey emérito sigue dando problemas al CNI. En este caso, preocupó que la empresaria residente en Mónaco hubiera entrado en contacto con el comisario Villarejo, al que habría conocido  también en otoño de 2014 cuando Corinna Zu Sayn-Wittgenstein ya había salido de España para residir en el extranjero. La dirección del espionaje español valoró este contacto como una amenaza por la información confidencial que el comisario, experto en captación de fuentes, pudiera obtener de la persona que compartió interioridades con Juan Carlos I. Eso incrementó el nivel de presión sobre el veterano mando policial.

5.- El caso de la dermatóloga Pinto

Las denuncias cruzadas entre el empresario Javier López Madrid y la dermatóloga Elisa Pinto por acoso salpicaron también al comisario Villarejo y despertaron nuevos movimientos policiales, cuando menos poco habituales. Tras una larga investigación, la dermatóloga identificó al agente como la persona que supuestamente le asestó una puñalada cuando iba en el coche con su hijo. La identificación llegó después de que Villarejo se enemistara también de manera frontal con el comisario J.B, el mismo que participaba también en la investigación de la falsa viagra que terminó salpicando al comisario.
Villarejo resultó imputado en el caso tras ser señalado por la dermatóloga. Antes, fue imputada otra persona de su entorno. Un abogado que tuvo que asistir a una rueda de reconocimiento antes de quedar libre de todos los cargos. El comisario retrasó durante un par de meses su presencia en la rueda de reconocimiento alegando que se encontraba trabajando en operaciones en el extranjero.
Poco después, informes periciales de la Policía Científica sostuvieron que los anónimos recibidos por la dermatóloga a modo de amenazas fueron en realidad escritos por su propio hijo. Una nota más de oscuridad al caso, que todavía no se ha resuelto en ningún sentido y sigue en manos también de la Fiscalía de menores.

6.- La detención del 'Pequeño Nicolás'

El joven Francisco Nicolás fue detenido por la Policía Nacional el 14 de octubre de 2014. El caso recayó en manos de Asuntos Internos, a pesar de que no había implicado ningún agente del cuerpo. El 20 de octubre, una semana después, se produce una reunión entre los responsables de Asuntos Internos y varios agentes de CNI, que son quienes inicialmente realizaron la investigación sobre el joven, a instancias de la Vicepresidencia del Gobierno, de la que dependen orgánicamente. La grabación de esa reunión, filtrada a la prensa un mes después, muestra a los intervinientes lanzando frases como “el teléfono no se ha movido de Maudes" (calle donde se encuentra el domicilio del joven investigado). En esas fechas, el Juzgado del caso Nicolay no había autorizado intervención alguna del teléfono de Francisco Nicolás, aunque las escuchas del CNI pueden ser autorizadas por un magistrado del Supremo.
Tras la filtración de la reunión, el juez encargado del caso abrió una pieza separada. El objetivo es localizar a la persona que grabó a los agentes policiales y a los miembros del CNI. La pieza principal del caso refleja incluso un informe en el que se identifica de forma indiciaria al comisario Villarejo en una presunta reunión entre periodistas y Francisco Nicolás. El identificado como comisario resultó ser finalmente un jubilado que paseaba a los perros en ese mismo parque.
Tras el error, la dirección de la Policía comenzó un proceso para cesar a Martín-Blas de su puesto. Esta era la primera parte de una solución salomónica por la que los dos comisarios iban a recibir el mismo tratamiento tal y como comunicó al director de la Policía, su 'número dos' Eugenio Pino. El comisario Villarejo también iba a ser trasladado de su puesto a uno con mucha menos responsabilidad en operaciones sensibles. Se produjo entonces la relación más tensa entre Villarejo y el máximo responsable del cuerpo, Ignacio Cosidó. Una relación tensa reconocida también por el agente en su declaración de este miércoles. Finalmente, Villarejo no fue cesado de su cargo.
En esa fecha, Martín-Blas sí fue relevado como responsable de Asuntos Internos. En la actualidad, la unidad está controlada por F.M, procedente de la lucha contra el crimen organizado. Sin embargo, el comisario cesado se mantuvo al frente del caso Nicolay ya que el juez encargado de la investigación le requirió en comisión de servicios. Por esa razón, Martín-Blas es tanto el afectado y protagonista de la grabación que ahora se investiga como uno de los encargados de las pesquisas.

7.- Guerra abierta con el CNI y Asuntos Internos

La guerra abierta entre el comisario Villarejo, Asuntos Internos y el Centro Nacional de Inteligencia se evidenció negro sobre blanco el 27 de julio del pasado año cuando el primero de ellos presentó sendas denuncias en los Juzgados de Madrid y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid contra el CNI, dos fiscales de Anticorrupción y el ex jefe de prensa de la Casa Real por “organización criminal, omisión en la persecución de delitos, descubrimiento y revelación de secretos, acusación y denuncia falsa, amenazas y coacciones, calumnias e injurias realizadas con publicidad y prevaricación”. Villarejo les acusó de acallar el presunto robo de fondos reservados y de participar en una maniobra para forzar su expulsión del cuerpo. Las dos denuncias fueron archivadas sin ni siquiera ser admitidas a trámite.

8.- La grabación de Martín-Blas con los espías

Los informes de la pieza separada del caso Nicolay reflejan la tesis de que el teléfono del comisario Martín-Blas fue utilizado para grabar la conversación con los agentes del CNI filtrada a la prensa y mantienen la hipótesis de que fue grabada tras infiltrar el teléfono con un troyano y activarlo de forma remota. Los informes periciales no han encontrado una sola prueba de ese programa instalado en el teléfono del agente. Más bien al contrario; allí había dos programas para encriptar llamadas contratados a Indra, la empresa que cifra las comunicaciones, por ejemplo, de los miembros del Gobierno. Sin embargo, el peritaje realizado por los expertos del CNI afirma que es posible infiltrar un terminal de ese modelo sin dejar rastro borrando después el troyano.
Por ello, el juez imputó primero a un periodista de una web controlada por la pareja del comisario Villarejo (periodista de profesión) y después al propio agente, que prestó declaración este miércoles. Antes, tomó declaración tanto a Martín-Blas como a su segundo como instructor del caso.
En sus informes, el equipo de Martín-Blas dibuja una conspiración en su contra orquestada por los principales responsables de la cúpula policial. Por ello, solicitó al juez la entrada y registro en los domicilios de una decena de periodistas y mandos policiales. La petición fue rechazada de forma rotunda por el fiscal del caso, que la consideró desproporcionada en un Estado de Derecho. El juez del caso, de momento, ha citado en calidad de testigos al director de la Policía, Ignacio Cosidó, y a Martín-Blas, y en calidad de investigado a Villarejo. 

martes, 28 de junio de 2016

Juncker, a los eurófobos ingleses del Parlamento Europeo: «¿Por qué estáis aquí?»

Juncker, te aplaudo los BRITANICOS quieren BREXIT , biemmmm pues mañana antes que se arrepientan pues ya están en su línea de pirateo en misa y repicando  
Ah y los llanitos el peñón piedra a piedra por donde les quepa
No hay miedo sus casas para los sin techo que en España hay un montón
JEG

El presidente de la Comisión Europea ha exigido a Londres «aclarar lo más rápido posible» su situación después del Brexit
Nigel Farage, líder del partido eurófobo UKIP, junto al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker - AFP
El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, ha prohibido a los comisarios y funcionarios de la institución establecer conversaciones sobre el Brexit con representantes británicos «hasta que no haya una notificación oficial por parte del Reino Unido».
Juncker ha exigido que Reino Unido «aclare lo más rápidamente posible la situación» después del Brexit, exluyendo cualquier negociación con Londres antes de la notificación de su futura salida de la Unión Europea. «No podemos instalarnos en una incertidumbre prolongada. Querría que Reino Unido aclare su situación, no hoy, ni mañana por la mañana, pero sí rápidamente», ha subrayado.
«Sin notificación, no hay negociación», ha indicado Juncker en el pleno extraordinario de la Eurocámara que aborda las consecuencias del referéndum británico y donde afirmó que ha prohibido a los comisarios y directores generales cualquier diálogo «informal» o «secreto» con representantes del Gobierno británico.
«No habrá negociaciones secretas», ha recalcado Juncker en una sesión que ha empezado con una ovación al dimitido comisario europeo de Servicios Financieros, Estabilidad Financiera y Unión de Mercados de Capitales, el británico Jonathan Hill.

«¿Por qué estáis aquí?»

Durante su comparecencia, Juncker ha preguntado a los partidarios del Brexit presentes en el Parlamento sobre el motivo de su asistencia para discutir acerca de la salida de Reino Unido de la Unión Europea. «Debemos respetar la democracia británica y cómo expresó su punto de vista», ha afirmado el presidente.
«Esta es la última vez que aplaudís aquí...y has cierto punto estoy sorprendido de vuestra presencia. Estáis combatiendo por la salida. El pueblo británico ha votado a favor de la salida. ¿Por qué estáis aquí?», ha añadido Juncker, haciendo una pausa en su discurso. Cerca de él se situaba Nigel Farage, el líder del partido eurófobo UKIP.