En una reciente entrevista a El País, el sabio británico habla sobre sus sueños y miedos favoritos
De Miguel Artime | Astronomía para terrícolas – dom, 4 oct 2015[Relacionado: Hawking apoya un ambicioso programa de búsqueda de vida extraterrestre]
Al margen de su indudable maestría científica en el campo de la física teórica, especialmente en agujeros negros, hace años que el sabio británico (a menudo "incorrecto" en sus declaraciones) es gracias a su sentido del humor sarcástico toda una celebridad incluso entre aquellos que no entienden ni un ápice de ciencia. En Diciembre de 2014, por ejemplo, el sabio alertó contra la construcción de una inteligencia artificial omnisciente, ya que en su opinión (si sus objetivos no coincidiesen con los nuestros) podría sentirse tentada a prescindir de nosotros y patearnos el culo.
De un tiempo a esta parte, tal vez desde que probó los efectos de la ingravidez, Hawking anima a la raza humana a emprender la aventura espacial que nos lleve a otros mundos. Consciente de que son muchos los peligros que pueden hacer que nos extingamos como especie (catástrofes cósmicas naturales, pandemias, calentamiento global, armagedón nuclear), el físico teórico apuesta por diseminarnos por varios lugares del universo como estrategia vencedora. Además, le ha puesto fecha al logro, o lo conseguimos en 200 años o nuestro futuro será realmente negro.
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El físico Stephen Hawking durante el Festival Starmus en Islas Canarias, el 23 de septiembre de 2014Otro de los "espinosos" asuntos que ha hecho de Hawking un personaje controvertido es su opinión sobre dios, o mejor dicho su NO opinión ya que el físico cree que no es necesario contar con deidades para explicar el origen del universo, ya que la ciencia podrá dar todas las respuestas. En este sentido basta recordar sus declaraciones hace unos meses a otro medio español, El Mundo, cuya entrevista se tituló: "No hay ningún dios, soy ateo.
Pese a que sus entrevistas vuelven una y otra vez sobre los mismos temas, seguramente por culpa de los periodistas y de sus limitaciones comunicativas, en cada una de ellas siempre surge alguna nueva perla. En la de El País por ejemplo, aconseja a los jóvenes científicos españoles en paro viajar a Estados Unidos, un lugar donde se valora la ciencia porque acaba por amortizarse con tecnología. ¡Cómo desearía que los políticos españoles también siguieran a este humano irrepetible!
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